1 año más

10 junio, 2015 Leave a reply

un año m{ásNEOCASADA

Por Alma Campos Read this post

Post 10 de Mayo

11 mayo, 2015 Leave a reply

 madre1Pues pasó el 10 de Mayo, el aclamado día de las Madres, tan promocionado y bien vendido por los medios publicitarios. No fui la excepción, pues bien que fui a visitar a mi mamá (1 día antes porque hay que repartirse), salí a celebrar con mi suegra, y recibí regalo de mis hijos y esposo, que compraron el sábado, conmigo en la plaza pero esperándolos en otro lado para no arruinarles la sorpresa. Me encantaron mis regalos por cierto, y la cara de mis hijos al entregármelos el domingo muy temprano para que lo abriera y los usara. Read this post

¡Sin pleitos y a dormir!

4 marzo, 2015 Leave a reply

1npCuando me casé sabía casi que a ciencia cierta, que tarde o temprano pelearía con mi flamante esposo, sobre todo porque los dos somos de carácter… ¿cómo decirlo amablemente?.. complicado/fuerte/difícil… Además de que  durante 4 años de noviazgo, ¡por supuesto que peleamos en más de una ocasión! Ya había dicho que de la misma forma en que nos amamos con toda el alma, así mismo también nos desgreñamos, así es que esto no era ninguna novedad. Un tío muy querido me dijo antes de casarme, que jamás nos fuéramos a la cama peleados, lo cual consideré un gran consejo (y lo sigo considerando), así es que los primeros meses de casados intenté con todas mis fuerzas que así fuera, si discutíamos por algo, intentaba que se solucionara de inmediato, para poder dormir tranquilos, sabiendo que estaba siguiendo el sabio consejo.

Antes del 1er aniversario, ya me había ido a dormir una vez al sillón.  Pensé por supuesto que antes de que me quedara dormida, Uli iría a buscarme, casi como príncipe de cuento de hadas, a decirme que sin mí no puede vivir, mucho menos dormir, y me llevaría en brazos al lecho matrimonial, tan sagrado como se imagina, para que jamás, jamás, volviéramos a dormir separados. No habían pasado ni 10 minutos de mi auto exilio, cuando empezó a roncar. Pensé que la tristeza lo había vencido y se quedó dormido, casi que llorando por mi ausencia, así es que decidí esperar un poco más, a que despertara, se diera cuenta que yo seguía sin estar ahí, y ahora sí corriera por mí ¡y me llevara en brazos! Por suerte era noche de viernes, ya que me dormí bastante tarde, en el sillón, esperando a que mi príncipe azul fuera por mí. Al menos no tuve que levantarme temprano a trabajar al día siguiente. Cuando Uli despertó solo me dijo: si te quieres ir a dormir a otro lado, tengo que respetar tu deseo, y cuando quieras regresarte a la cama, ahí te estaré esperando. ¿Sabio?, ¿Genio?, ¡solo Dios lo sabe! pero la pensé más de una vez para volverme a ir de mi propia cama. Lo mejor de la historia: ni siquiera recuerdo porqué nos peleamos esa noche….

Actualmente solo me voy de mi cama cuando los ronquidos así lo ameritan, o cuando mis hermosos hijos deciden pasar la noche ahí, pero eso sí, ¡a sus anchas!, por lo cual, a fin de evitar patadas, manotazos, jalones de cabello, o conversaciones nocturnas, opto por irme a otro cuarto, al sillón, o incluso a la cama de uno de ellos, en donde por lo menos, duermo sin pequeñas piernas y bracitos que me atacan a media noche; pero eso sí, por pleitos ya no me voy de mi cama.

Y es que entendí también que el pleito no se terminaba conmigo en otro lado, tampoco digo que hay que convertir la cama en ring y seguir peleando ahí, simplemente decidí seguir el consejo del tío y mejor solucionar un pleito antes de la hora de dormir. Cabe mencionar que esta semana empezó con una discusión que no solucioné antes de la hora del sueño, y fue lo que me inspiró a escribir esto: no vale la pena irse a dormir peleados, ya que, al menos yo, ¡ni dormí! El pleito se volvió a hablar por la mañana, pero la noche sin dormir ni cómo recuperarla.

Si bien ahora comparto mi cama más de una noche a la semana con mis hijos, la recuerdo cuando solo era de mi marido y mía: nos contábamos como había sido nuestro día, nos cuidábamos cuando uno o el otro enfermaba, pasábamos fines de semana completos sin salir de ella viendo Prison Break (cuando no teníamos hijos por supuesto) y bueno, pues lo imaginable también que no es oportuno contar en estas líneas, pero nunca la he recordado por pleitos o discusiones que se hayan llevado a cabo ahí, pues no es la función de una cama; e irse a dormir de pleito tampoco lo debe ser. Al menos yo llego a pasar gran parte de mi día laboral discutiendo  con clientes, o con otras áreas de mi empresa, luego llego a casa y tengo que discutir un poco más con mi hijo de 5 años para que haga bien la tarea, y con la de 3 años ¡para que deje a su hermano hacer la tarea! Y encima de todo ¿¿discutir con mi marido, a la hora de dormir, en mi cama, a la cual le lloro cada mañana cuando la abandono?? No, no me parece buena idea… sin embargo el consejo del tío sí que lo es: jamás te vayas a la cama enojada con tu marido.

neocasadabuenoeditado

El crimen de la pasta de dientes   

25 febrero, 2015 Leave a reply

neocasadabuenoA más de una de nosotras nos dijeron que, cuando te casas y/o empiezas a vivir con alguien, el primer pleito, casi que inmediato, es el de la Pasta de Dientes, porque el masculino en cuestión la deja destapada o apachurrada de tal forma que tirarla es inevitable.  Así es que, desde hace 10 años que me casé, he estado buscando el momento ideal para pelear por la bendita pasta de dientes apachurrada, pero en el camino, me he ido encontrando pleitos (y por ende reconciliaciones), más interesantes.

Aquí debo aclarar, si es que aún no se ha entendido así, que si bien soy una mujer moderna y hasta cierto punto liberal, lo soy también tradicional. Yo no me casé pensando que existía el divorcio, no contemplo, aun al día de hoy, la idea de separarme de mi marido, y eso que varias tardes de ocio me he puesto a pensar detenidamente qué me haría separarme, incluso un día hasta hice repartición de bienes con él para que quedara claro desde ahorita, que el refri y las televisiones son mías. Y entre tantas y tantas ideas que me pasan por la cabeza, la de la pasta de dientes apachurrada sigue sin salir.

Un día descubrí que si bien es de suma importancia amarse hasta la médula, no es lo único importante para que una pareja funcione. Y no lo digo basándome solo en mi experiencia, que si lo vemos con más calma, 10 años es poco tiempo pensando que me falta aún vivir con mi marido el resto de mi vida; lo digo viendo a mis padres que llevan casi 40 años de casados, o mis suegros que andan en las mismas, mis tías, tíos, amigos de la familia, en fin, tantas personas que tengo la fortuna de rodearme de ellas y haberles aprendido más de una cosa. No solo debe existir amor, debe existir también entendimiento de que las personas SOMOS DIFERENTES. Además de eso, una pizca de respeto y comprensión nunca están de más.

Mi esposo anda en bicicleta creo desde que nació, de novios me hacía tanta novedad pensar en un novio deportista que hasta lo acompañaba los fines de semana al Ajusco, yo intelectual con mi libro en mano, dándole besos de ladito por aquello del sudor, con ese casco full face que me parecía tan sexy y eso sí ¡unas pantorrillas (y más arriba) que ni para qué contarlo! Poco tarde en darme cuenta que eso no cambiaría de casados, al contrario, se alargarían más las tardes de sábado, o en el Ajusco o en casa esperándolo, porque ya no tenía que ir después a buscarme a mi casa, pues ya vivíamos en la misma. La batalla campal comenzaba.

Los dramas ni para que recordarlos, fueron demasiados; terminaron no con mi esposo dejando la bici, si no conmigo entendiendo, y sobre todo respetando, que si bien nos amamos, somos diferentes y tenemos gustos y necesidades diferentes. Yo no acepto que el ande en bici y se vaya horas un sábado por la mañana, por el contrario, yo entiendo y respeto que es su espacio y que le gusta hacerlo, y el entendió que no debía tardarse tanto como antes, para que hiciéramos más cosas juntos, y de subirme a la bici ni siquiera lo intentó, eso no es lo mío.

Deja la pasta de dientes apachurrada, le toma a la leche del envase; se acaba el papel de baño y no pone uno nuevo; deja la puerta abierta a veces toda la noche; se rasura y deja un festín de pelitos por todo el lavabo. Pero también viste a mis hijos por las mañanas, los lleva a la escuela; sabe que canción poner cuando estoy triste o de malas; cambia los focos porque yo no alcanzo y me caigo de los bancos, y me ha sabido amar y respetar de la misma loca y exagerada manera que lo hago yo. No vale la pena el pleito de la pasta apachurrada, o el de rasurarse sobre MI lavabo, de la misma forma que para él no vale el pleito por mi coche sin lavar, o mis tacones a media escalera, o pedirle que me caliente los pies helados una noche de invierno, y tampoco el de la pasta de dientes, que por supuesto, ¡dejo toda apachurrada también!

No sé cómo encontrar un pleito que en verdad valga la pena, aunque en realidad no lo ando buscando, prefiero encontrar diversión que valga la pena, historias y anécdotas que contar en un futuro a mis nietos, pero sobre todo, prefiero hacerme de la vista gorda con los “errores” (¿o serán más bien horrores?) que mencioné arriba, y seguir pensando cada día de mi vida, que encontré a mi príncipe azul, con defectos y complicaciones, pero a la vez maravillas que me comparte todos los días de su vida, y así, aunque sea ya por compromiso, él seguirá haciendo a un lado los míos también.

 

neocasadabuenoeditado

Sorry, you can not to browse this website.

Because you are using an outdated version of MS Internet Explorer. For a better experience using websites, please upgrade to a modern web browser.

Mozilla Firefox Microsoft Internet Explorer Apple Safari Google Chrome