Una auténtica hija del mal

4 marzo, 2015 Leave a reply

madamaUna desesperada carnalidad impregnó la vida de Madama Sui, sin que el sentimiento de culpa tuviera la menor influencia sobre su espíritu. Carecía de este sentimiento o lo ignoraba por completo. Era demasiado joven todavía para sospechar que la existencia es algo más que satisfacer los impulsos de una sensualidad sin freno y vivir el goce como un acto tan natural como respirar para vivir, pese al contrapeso de un amor puro pero sin esperanzas.

Bajo el inalterable y cálido aspecto de su alegría de vivir, fue un ser que sintió en lo hondo de sí la corrosión de la soledad, pareja a su necesidad de amar, condensada en ese amor único pero imposible. Esta ansiedad constante, esta permanente desesperación la llevaron a apurar hasta el fondo la energía vital de su existencia en el medio escuálido y salvaje que la vio crecer.

Los rayos de sol caen a plomo sobre el pueblo volviéndolo casi invisible. El caserío no es más que una mancha opaca en los reflejos. La luz solar empaña los colores, aplasta los contornos, borra los horizontes, destiñe la comba azulada del cielo. El espacio se ha coagulado en la calina blanca. En esta ausencia de luz, por exceso de luz, como en la felicidad excesiva, la muerte no parece estar en ningún sitio. La vida tampoco.

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“Madama Sui”, de Augusto Roa Bastos.

Editado por Alfagura en 1996

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