¡Sin pleitos y a dormir!

4 marzo, 2015 Leave a reply

1npCuando me casé sabía casi que a ciencia cierta, que tarde o temprano pelearía con mi flamante esposo, sobre todo porque los dos somos de carácter… ¿cómo decirlo amablemente?.. complicado/fuerte/difícil… Además de que  durante 4 años de noviazgo, ¡por supuesto que peleamos en más de una ocasión! Ya había dicho que de la misma forma en que nos amamos con toda el alma, así mismo también nos desgreñamos, así es que esto no era ninguna novedad. Un tío muy querido me dijo antes de casarme, que jamás nos fuéramos a la cama peleados, lo cual consideré un gran consejo (y lo sigo considerando), así es que los primeros meses de casados intenté con todas mis fuerzas que así fuera, si discutíamos por algo, intentaba que se solucionara de inmediato, para poder dormir tranquilos, sabiendo que estaba siguiendo el sabio consejo.

Antes del 1er aniversario, ya me había ido a dormir una vez al sillón.  Pensé por supuesto que antes de que me quedara dormida, Uli iría a buscarme, casi como príncipe de cuento de hadas, a decirme que sin mí no puede vivir, mucho menos dormir, y me llevaría en brazos al lecho matrimonial, tan sagrado como se imagina, para que jamás, jamás, volviéramos a dormir separados. No habían pasado ni 10 minutos de mi auto exilio, cuando empezó a roncar. Pensé que la tristeza lo había vencido y se quedó dormido, casi que llorando por mi ausencia, así es que decidí esperar un poco más, a que despertara, se diera cuenta que yo seguía sin estar ahí, y ahora sí corriera por mí ¡y me llevara en brazos! Por suerte era noche de viernes, ya que me dormí bastante tarde, en el sillón, esperando a que mi príncipe azul fuera por mí. Al menos no tuve que levantarme temprano a trabajar al día siguiente. Cuando Uli despertó solo me dijo: si te quieres ir a dormir a otro lado, tengo que respetar tu deseo, y cuando quieras regresarte a la cama, ahí te estaré esperando. ¿Sabio?, ¿Genio?, ¡solo Dios lo sabe! pero la pensé más de una vez para volverme a ir de mi propia cama. Lo mejor de la historia: ni siquiera recuerdo porqué nos peleamos esa noche….

Actualmente solo me voy de mi cama cuando los ronquidos así lo ameritan, o cuando mis hermosos hijos deciden pasar la noche ahí, pero eso sí, ¡a sus anchas!, por lo cual, a fin de evitar patadas, manotazos, jalones de cabello, o conversaciones nocturnas, opto por irme a otro cuarto, al sillón, o incluso a la cama de uno de ellos, en donde por lo menos, duermo sin pequeñas piernas y bracitos que me atacan a media noche; pero eso sí, por pleitos ya no me voy de mi cama.

Y es que entendí también que el pleito no se terminaba conmigo en otro lado, tampoco digo que hay que convertir la cama en ring y seguir peleando ahí, simplemente decidí seguir el consejo del tío y mejor solucionar un pleito antes de la hora de dormir. Cabe mencionar que esta semana empezó con una discusión que no solucioné antes de la hora del sueño, y fue lo que me inspiró a escribir esto: no vale la pena irse a dormir peleados, ya que, al menos yo, ¡ni dormí! El pleito se volvió a hablar por la mañana, pero la noche sin dormir ni cómo recuperarla.

Si bien ahora comparto mi cama más de una noche a la semana con mis hijos, la recuerdo cuando solo era de mi marido y mía: nos contábamos como había sido nuestro día, nos cuidábamos cuando uno o el otro enfermaba, pasábamos fines de semana completos sin salir de ella viendo Prison Break (cuando no teníamos hijos por supuesto) y bueno, pues lo imaginable también que no es oportuno contar en estas líneas, pero nunca la he recordado por pleitos o discusiones que se hayan llevado a cabo ahí, pues no es la función de una cama; e irse a dormir de pleito tampoco lo debe ser. Al menos yo llego a pasar gran parte de mi día laboral discutiendo  con clientes, o con otras áreas de mi empresa, luego llego a casa y tengo que discutir un poco más con mi hijo de 5 años para que haga bien la tarea, y con la de 3 años ¡para que deje a su hermano hacer la tarea! Y encima de todo ¿¿discutir con mi marido, a la hora de dormir, en mi cama, a la cual le lloro cada mañana cuando la abandono?? No, no me parece buena idea… sin embargo el consejo del tío sí que lo es: jamás te vayas a la cama enojada con tu marido.

neocasadabuenoeditado

Una auténtica hija del mal

4 marzo, 2015 Leave a reply

madamaUna desesperada carnalidad impregnó la vida de Madama Sui, sin que el sentimiento de culpa tuviera la menor influencia sobre su espíritu. Carecía de este sentimiento o lo ignoraba por completo. Era demasiado joven todavía para sospechar que la existencia es algo más que satisfacer los impulsos de una sensualidad sin freno y vivir el goce como un acto tan natural como respirar para vivir, pese al contrapeso de un amor puro pero sin esperanzas.

Bajo el inalterable y cálido aspecto de su alegría de vivir, fue un ser que sintió en lo hondo de sí la corrosión de la soledad, pareja a su necesidad de amar, condensada en ese amor único pero imposible. Esta ansiedad constante, esta permanente desesperación la llevaron a apurar hasta el fondo la energía vital de su existencia en el medio escuálido y salvaje que la vio crecer.

Los rayos de sol caen a plomo sobre el pueblo volviéndolo casi invisible. El caserío no es más que una mancha opaca en los reflejos. La luz solar empaña los colores, aplasta los contornos, borra los horizontes, destiñe la comba azulada del cielo. El espacio se ha coagulado en la calina blanca. En esta ausencia de luz, por exceso de luz, como en la felicidad excesiva, la muerte no parece estar en ningún sitio. La vida tampoco.

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“Madama Sui”, de Augusto Roa Bastos.

Editado por Alfagura en 1996

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