Aduéñate de tu tiempo

23 febrero, 2015 Leave a reply

tiempoLas personas que vivimos en países industrializados aceptamos las prisas como algo natural. –cuentan que un grupo de científicos alemanes estaba realizando un trabajo de campo en un lugar remoto. Los porteadores que les llevaban el equipo eran mexicanos. En cierto tramo del camión todos los portadores se detuvieron de golpe, sin ninguna explicación. Los científicos se quedaron perplejos y molestos. ¡Esos hombres les estaban haciendo perder tiempo! Parecían estar esperando algo. Y, de prontos, se pusieron en marcha nuevamente. Más tarde, uno de ellos explicó a los científicos: “Hemos estado caminando muy deprisa y nuestra almas se habían quedado rezagadas. Estábamos esperando que nos alcanzaran”.

A menudo dejamos atrás nuestras almas y, en medio de las prisas, nos olvidamos de los sueños, de la empatía y de la capacidad de maravillarnos. Tenemos prisa y no nos gusta. Además, se ha demostrado que, cuando estamos estresados, paradójicamente nuestra prisa nos hace menos eficientes.

Cuando disminuimos el ritmo, obtenemos importantes beneficios, en especial para nuestra salud. Las personalidades tipo A –descritas clínicamente como muy impacientes y dinámica- están condicionadas por un mensaje subliminal del reloj: el tiempo se acaba, la vida se está quedando sin cuerda, ¡démonos prisa! Ésta personas tienen predisposición a los ataques cardíacos. Sin embargo, la presión sanguínea, el colesterol, el ritmo cardíaco y respiratorio, los niveles de insulina, hidrocortisona, adrenalina y norepinefrina pueden ser modificados hasta alcanzar niveles saludables variando la noción del tiempo a una que se corresponda mejor con nuestros ritmos naturales.

Cuando estamos en contacto con nuestros ritmos naturales, nos es más fácil trascender el tiempo. Una manera de conseguirlo es meditar. Otras pueden ser tomarse un descanso en la naturaleza, experimentar la belleza, lo sagrado, orar, escuchar música o leer un buen libro. Estas prácticas nos brindan un sentido amplio del tiempo. Cuando conseguimos salir de nuestra vida agitada y dominada por el reloj, nos relajamos mental y espiritualmente y, a veces, también físicamente. Unas cortas vacaciones alejadas de ese tiempo que marca el reloj nos permite sentirnos menos oprimidos.

El sentimiento –y la queja- de que carecemos de tiempo es un resultado directo de la actitud materialista que rige nuestras vidas: pensamos que tenemos que acumular experiencias, hacer cosas, tachar actividades hechas de la lista, cumplir con las obligaciones, antes de disfrutar y vivir nuestra vida.

Pensamos que, porque no tenemos suficiente tiempo, todas estas cosas son una carga y un penoso recordatorio de que la vida es breve. En cambio, si pensamos “sí que podré hacer esto, y eso, y aquello… todo a su momento”, entonces entraremos en una noción de periodicidad renovable, recuperamos la confianza y el tiempo se transforma en nuestro aliado. Un círculo virtuoso.

Esta actitud fundamental es relajante hasta el punto de volverse saludable. Por lo contrario, el estrés –que resultad de la sensación de que el tiempo nos oprime- debilita nuestra salud. Y cuando nuestra salud se resiente, entonces perdemos más tiempo todavía. Un círculo vicioso.

Fuente: Ser dueño de tu tiempo. Piero Ferrucci y Vivien Reid. Psicoterapeutas expertos en psicosíntesis.

¿Qué hay detrás del desorden?

23 enero, 2015 Leave a reply

En realidad, el acto de desordenar es un reflejo instintivo que distrae nuestra atención del meollo de un problema”. Marie Kondo

¿Alguna vez te sentiste incapaz de estudiar la noche anterior a un examen y te pusiste a limpiar como loco? Confieso que lo he hecho. En verdad, ese fue un episodio regular en mi vida. Tomaba los montones de fotocopias que cubrían mi escritorio y los echaba a la basura. Luego, incapaz de parar, recogía los libros y papeles que estaban tirados en el suelo y empezaba a acomodarlos en el librero. Por último, abría el cajón de mi escritorio y organizaba mis plumas y lápices. Antes de darme cuenta, eran las 2:30 a.m. Derrotada por el sueño, me despertaba bruscamente a las 5 a. m., y sólo entonces, llena de pánico, abría mi libro y me ponía a estudiar.

Yo creía que esta necesidad de organizar antes de un examen era una peculiaridad mía, pero después de conocer a muchos otros que hacían lo mismo, me di cuenta de que se trataba de un fenómeno común. Mucha gente siente la necesidad de limpiar cuando está bajo presión, como justo antes de presentar un examen. Pero esta urgencia no ocurre por que quieran ordenar su habitación. Ocurre porque necesitan poner en orden “algo más”. En realidad, su cerebro les clama que estudien, pero cuando percibe el espacio desordenado, su atención cambia a “necesito limpiar mi habitación”. Esta teoría queda demostrada por el hecho de que la necesidad de organizar rara vez continúa una vez pasada la crisis. Cuando el examen ha concluido, se disipa la pasión que la noche anterior se volcó en limpiar y la vida regresa a la normalidad. Cualquier idea relacionada con la organización se borra de la mente de la persona. Esto se debe a que el problema que enfrentaba (en este caso, la necesidad de estudiar para el examen) ha quedado “guardado en su sitio”.

Esto no significa que limpiar tu habitación vaya a calmar tu mente atormentada. Aunque puede ayudarte a sentirte revitalizado temporalmente, el alivio no durará porque no has enfrentado la verdadera causa de tu ansiedad. Si te dejas engañar por el alivio temporal que te da haber organizado tu espacio físico, nunca reconocerás la necesidad de ordenar tu espacio psicológico. Distraída por la “necesidad” de organizar mi habitación, me tomó mucho tiempo analizar y concluir que mis calificaciones siempre fueron terribles.

Imagina una habitación desordenada. No se desordena sola. Tú, la persona que vive en ella, es quien hace el chiquero. Dicen que “una habitación caótica es el reflejo de una mente caótica”. Yo lo veo así. Cuando una habitación se desordena, la causa no es sólo física. El caos visible nos ayuda a distraernos del verdadero origen del trastorno. En realidad, el acto de desordenar es un reflejo instintivo que distrae nuestra atención del meollo de un problema. Si no puedes sentirte relajado en un cuarto limpio y ordenado, enfrenta tu sentimiento de ansiedad. Bien podría arrojar luz sobre lo que en verdad te aqueja. Cuando tu habitación está limpia y organizada, no te queda más opción que examinar tu estado interior. Puedes ver cualquier problema que hayas evitado y te obligas a enfrentarlo. Tan pronto como empiezas a organizar, te sientes obligado a reajustar tu vida. Como resultado, tu vida empieza a cambiar. Es por ello que la tarea de poner tu casa en orden debe hacerse rápido. Te permite enfrentar los problemas de veras importantes. La organización es sólo un instrumento, no el destino final. El verdadero objetivo debe ser que establezcas el estilo de vida que quieres cuando ya pongas tu casa en orden.

Tomado del libro de  Marie Kondo “La Magia del Orden”, Editorial Aguilar.

 

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