Así son las mujeres en la escena heavy-metalera de México

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Siendo el heavy metal un género pesado, duro, estruendoso, la figura femenina casi nunca ha sido asociada a él, y si se ha hecho, ha sido en ámbitos poco relacionados con su creatividad. Sin embargo, desde épocas remotas la sensibilidad y fuerza de las mujeres han marcado a diversas músicas.

En la sesión del Seminario Permanente de Estudios sobre Heavy Metal, titulada “Presencia, aportes y retos por las mujeres en y desde el metal mexicano”, que realiza el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se analizó la situación actual de las mujeres en dicha escena.

La doctora Olivia Domínguez indicó que, en la escena del heavy metal nacional, la presencia femenina es cada vez más notoria y a pesar de que muchas de ellas siempre han participado como músicas, organizadoras o artistas, “por alguna razón, han pasado desapercibidas”.

Comentó que uno de los problemas a los que se han enfrentado es la excesiva sexualización de los cuerpos femeninos como parte de la portada de un disco o del arte del mismo, aunado a los comentarios misóginos que muchos hombres, músicos y público, han proferido al ver alguna chica como parte de este movimiento; «muchas veces surge el cuestionamiento del porqué estamos en la música y en particular en este género».

Olivia Domínguez hizo un recuento histórico de la presencia femenina en el rock y el heavy metal mundial, destacando a bandas como The Runaways, de donde surgieron solistas como Lita Ford y Joan Jett. Y aunque había mujeres en el soul, la música disco y otros géneros, dentro de las versiones más pesadas del rock y más cercanas a lo que es el heavy metal y el punk rock, destacaron figuras como Wendy O. Williams de The Plasmatic, la llamada ‘reina del shock rock’.

«Como grupo que inspirará a muchas mujeres, surge en Inglaterra Girlschool, cuya guitarrista Kelly Johnson (1958-2007) fue considerada por el líder de sus compatriotas Motörhead, Lemmy Kilmister (1945-2015), como una guitarrista a la altura de Jeff Beck. También está la alemana Doro Pesch, quien surgió, en los ochentas, de la banda Warlock, y que a la fecha se instaura como un ícono entre las mujeres; destacan también Hellion, Vixen, Détente, Phantom Blue, entre otras», mencionó.

Integrada por mujeres, la banda tejana Heather Leather, no tan famosa como las anteriores, marcó a la escena nacional por el hecho de haber sido el primer grupo extranjero de metal que vino a tocar a México, en julio de 1998, en la Arena Adolfo López Mateos, en Tlalnepantla, Estado de México.

En el caso de México, en la década de 1980, destaca el grupo Ultimátum, que tuvo a vocalistas como Marcela González, Brenda Marín y Cathy Miguel; todas ellas importantes para la escena de la época.

Mencionó el caso de Brenda Marín, cantante que fue parte de grupos como Ultimátum, Abaddon, Carne Lunar, Fauna Nocturna y La Divina Comedia, y quien actualmente se desempeña como periodista, cuyo aporte es significativo en la formación de la escena del metal nacional desde los ochentas, al igual que Elena Coker, con su grupo Shock, en la frontera norte.

«Al hablar de las mujeres como comunidad, es importante recurrir a los imaginarios que se han creado en torno a ellas en el cine, los medios de comunicación y otros espacios, donde se han sido encasilladas, no sólo en el metal sino en el rock en general, como groupies, no tienen otro papel que el ser acompañantes o parejas de los músicos».

Asimismo, afirmó que en los años setentas y ochentas, las mujeres también formaban parte de las escenas del rock y metal pero más desde la perspectiva sexual. Portadas o fotografías de bandas masculinas las mostraban con una connotación sexual muy marcada, lo que impedía ver el trabajo que muchas de ellas estaban realizando.

En su oportunidad, Fátima Ramos, directora de Renascentia, A New Beginnig, integrante del consejo directivo de Osmium Metal Awards y locutora en Circo Volador Radio, manifestó que, al ser parte de la escena metalera, sabía que tenía que preparase porque es un medio muy difícil, como mujer, no era tomada en serio, por lo que se capacitó para ser parte del movimiento.

Por su parte, Alejandra Mavir, baterista de Gilgamesh, banda conformada en 1992, relató que su acercamiento al metal se dio gracias a la radio, donde escuchó bandas de rock que a la postre la formaron. «No tuvimos influencia familiar, mi hermana Adriana y yo tuvimos que buscarnos camino en la escena».

Bianka García, guitarrista en Mystica Girls, creada en 2005, destacó que la fuerza del género las atrajo; primero, hicieron covers de bandas conocidas y después, sus propias creaciones; el heavy metal, declaró, les ayuda a sacar toda esa energía que tienen, pues es música con la que más se identifican.

Mientras que Rose Contreras, guitarrista de Introtyl, expuso que algunas de las integrantes de su banda, formada en 2009, escuchaban rock en sus  casas, en particular, su mamá oía mucho rock, aunque en la escuela sus compañeros consumían Nu Metal (mezcla de heavy metal con rap, hip hop, grunge y funk, entre otros géneros musicales), popular a finales de los noventa y principios del 2000, y pese a que cada una de ellas tiene diversas influencias, coincidieron en el death metal (subgénero del heavy metal) como la música que las define.

En lo que respecta a los problemas a los que se han enfrentado, Alejandra Mavir, la más experimentada de las ponentes, manifestó que muchas veces no contaban con el apoyo de la familia, sus padres las cuestionaban con la dedicación a sus estudios en lugar de ser parte de una banda, llegándolas a tachar irse de «locas», por lo que no recibían apoyo económico para conciertos o para adquirir instrumentos.

«Como banda de mujeres, cuando empezamos tocar, había mucho morbo a nuestro alrededor: silencios incómodos, se sentía la dureza y apatía del público, en su mayoría masculino. No sé si esperaban que por ser un grupo de chicas falláramos e hiciéramos el ridículo», afirmó la integrante de la primera banda mexicana femenina de doom death metal (otro subgénero del heavy metal).

Rememoró que otro tema al que se enfrentó fue el de la maternidad, pues al no contar con el apoyo necesario para seguir adelante con su proyecto musical, tuvo que dejarlo por un tiempo.

Mientras que Rose Contreras, comentó que su banda no ha tenido problemas para presentarse en shows y conciertos, aunque en un inicio tocaron en lugares bastante precarios. Lo que sí ha experimentado, finalizó, es la falta de respeto como mujer y música, «en una ocasión me tocaron la pierna en un concierto, alguien se acercó al escenario y aprovechó para hacerlo».

Fuente:  INAH

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