Lo vulgar: un gusto, una provocación, un error

barbican

El mal gusto, lo vulgar, suele ser veleidoso y puede enfrentar a cualquiera igual que cuando se discute qué es bello y qué no.

Sobre el tema, el centro Barbican de Londres ha montado The Vulgar: Fashion Redefined, la primera exposición en explorar un territorio intrínsecamente desafiante, pero absolutamente atractivo de mal gusto en la moda, desde el renacimiento hasta el diseño contemporáneo. Examinando la noción en constante evolución de la vulgaridad en la moda mientras se disfruta de sus excesos, el montaje invita a pensar de nuevo qué es exactamente lo que hace algo vulgar y por qué es un término tan sensible y controvertido.

La muestra reúne más de 120 objetos impresionantes, desde trajes históricos hasta alta costura y prendas de vestir, con aportes de destacados diseñadores contemporáneos como Walter van Beirendonck, Chloé, Christian Dior, Pam Hogg Charles James, Christian Lacroix, Lanvin, Moschino, Miuccia Prada, Agent Provocateur, Elsa Schiaparelli, Philip Treacy, UNDERCOVER, Viktor y Rolf, Louis Vuitton y Vivienne Westwood.

Se incluye un vestido diseñado por Hussein Chalayan recubierto de uñas postizas, un sombrero con forma de emoticono del famoso sombrerero Philip Treacy, la polémica campaña de publicidad de Gucci con el pubis de la modelo rasurado en forma de G, un top de Gareth Pugh realizado con monedas de un penique, un vestido con estampado de envoltorio de caramelos de Jeremy Scott para Moschino, el bañador topless de Rudi Gernreich que se convirtió en símbolo de la revolución sexual de los sesenta o la cesta de supermercado de Karl Lagerfeld para Chanel. Cada una de ellas se enmarca en alguna de las 11 categorías en las que se divide la visita, y que bucean en distintos conceptos (como el exceso, la ostentación, la copia, el exhibicionismo, lo barroco o lo popular) que en algún momento han sido considerados vulgares.

Para los curadores de la muestra, Judith Clark (profesora de Moda y Museología en el London College of Fashion y autora de más de 40 exposiciones) y su marido, el escritor y psicoanalista Adam Phillips, el punto de partida fue definir los distintos significados de la palabra vulgar evitando el más obvio y peyorativo. “Siempre tuve ciertos recelos acerca de cómo usaba la gente la palabra vulgar, con tanta convicción, tanto esnobismo. Palabras así no están hechas para que te hagas preguntas, solo para desestimar algo. Queríamos pensar sobre el término en su sentido más amplio”, explicó la curadora en una entrevista con El País.

No es habitual que un psicoanalista participe en la curaduría de una exposición de moda, pero Clark considera que ese hecho fue clave para determinar el enfoque “porque el uso de la palabra vulgar está totalmente relacionado con la educación, las ansiedades y los temores de pertenencia de cada uno”. Lo que viene a decir es que el gusto es un concepto en constante cambio y que la vulgaridad es cuestión de perspectiva; al igual que la belleza, está en los ojos del que mira. “Para un cierto grupo de personas Kim Kardashian tiene el peor gusto posible, pero para otros es un icono de belleza y una maravilla”, coincide el sombrerero Stephen Jones. Y añade: “Como decía Diana Vreeland, ‘no estoy en contra del mal gusto, estoy en contra de la ausencia de gusto”.

Más fotos de la exposición en el sitio oficial de Barbican http://www.barbican.org.uk/artgallery/event-detail.asp?ID=18736

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