Los 21 que me cambiaron la vida

correr

NEOCASADA

Por: Alma Campos

No hablo de los 21 años, esos los pasé hace demasiados años ya, habló de los 21 kilómetros que corrí por primera vez en mi vida hace casi 1 mes, y vaya que me cambiaron la vida. Si algún corredor experimentado lee esto, seguro le parecerá exagerada mi afirmación, o tal vez le parezca acertada, quien sabe, lo que sí sé, es que mi vida cambió ese día.

Intenté mucho tiempo involucrarme en algún deporte, pero como que nunca encontré algo que en verdad me convenciera, además que tenía que adaptarme a horarios de entrenamiento, o costos de equipo, y eso era aún más difícil que las ganas en sí de hacerlo, pues como que nunca me salió. En la universidad soñaba con estar en Atletismo, pero los entrenamientos a las 6am eran imposibles para mí, considerando que me iba con mi hermano a la escuela, y jamás lo convencí de llegar a esa hora. Y así me pasó también con el tenis, remo, etc. Pues total que me di cuenta que para correr no necesitaba demasiado, podía hacerlo en el gimnasio, a la hora que quisiera y bueno, pues empecé a correr. Nada formal, solo de pasatiempo y si de paso me servía para mantener el peso a raya, que mejor.

Hace un año mi querida amistad me inscribió a la 1er carrera que corría en mi vida, y llegué ese domingo a las 7am muy tranquila de que correría 5k seguro sin problema, y en ese momento ella amablemente me corrigió diciéndome que la carrera era de 10k y no de 5…. pensé en correr, pero de ahí! jamás había corrido esa distancia de un jalón! pues la corrí! lloré al terminar y ver a mi familia, por la emoción, adrenalina, endorfinas, que se yo pero lloré! entendí ese día que en verdad no sabes de lo que eres capaz hasta que haces algo nuevo.

Así seguí un año, corriendo todas las carreras a las que podía inscribirme con mi amistad, corriendo diario en el gimnasio o en la calle cuidándome de los camiones y perros callejeros, hasta que un lunes la emoción me ganó y me inscribí al medio maratón de la Ciudad de México. “Entrené” con toda la gracia que hacen las comillas al utilizarlas y ni si quiera sé si en verdad puedo llamarlo entrenamiento. 2 meses antes me operaron y pensé que tendría que vender mi número de la carrera, pero la vocecita en mi cabeza, que en mi caso esta hecha solamente de necedad y terquedad, me decía que no lo vendiera, que si podría hacerlo, y así llegué al domingo 31 de Julio, a medio entrenar, a medio convencer, y muerta de susto completita.

Me llevó solo Uli, y fue testigo de cómo los nervios me traicionaron y me hicieron llorar antes de bajar del coche. Me temblaban las piernas, me sudaban las manos, y no podía creer que en serio estaba ahí. Para ese entonces lo máximo que había corrido de un jalón eran 16k, así es que mi lógica me decía que solo eran 5 más de los que ya había corrido, de los que ya sabía cómo eran, y así, convenciéndome a mí misma de que si podía hacerlo, lo hice. Mi nivel de concentración era tal, que no creo poder describir el recorrido, en verdad me dedicaba a no pensar en la distancia que era, en no detenerme ni un segundo, en que 16 ya me los sabía y los 5 adicionales ya no eran nada.

Acabé. No me desmaye al cruzar la meta porque me daba vergüenza quedar tirada frente a puro desconocido, sentía que se me doblaban las piernas, y al ver a Uli, lo abracé y de nuevo lloré. Había vencido a mi propia mente, a toda lógica que decía que si no entrenas, cómo diablos corres medio maratón! vencí mi miedo de no saber si se puede o no, que ese siempre ha sido uno de mis principales temores, a no poder hacer algo que me proponga. Ese día lo logré. Aún hoy no me la creo, ni tampoco estoy segura de volver a hacerlo, “no digas nunca” me dijo mi concuña que es corredora, pero en verdad no sé si volveré a tomar esa distancia.

Amo correr, amo que puedo hacerlo sola, sin equipo, sin gimnasios caros, sin horarios fijos, con los puros pensamientos de mi mente y las ganas de querer hacerlo. Amo la soledad de correr 5 o 21k, rodeada de miles de personas, pero tan sola como solo corriendo disfruto sentirme. Ese día de los 21 entendí que los límites los pones tú, las barreras, las excusas, los obstáculos. Yo decidí eliminar todo eso, de mi vida, y de mis ganas de correr.

 

 

 

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