Zapatos: ¿adorno o herramienta?

 

17 pies

 

Te quiero como a mis zapatos viejos, es una frase que solemos decir con todo el corazón.

Y es que los zapatos viejos no nos dañan los pies, podemos caminar con ellos sin cansarnos… los tenemos domados.

El comentario viene a cuento por lo que circula en redes sociales sobre acabar con la tiranía de los zapatos y la exhibición de lesiones que provocan algunas sandalias de moda.

Caemos rendidas ante diseños fabulosos. Pensamos en adornar los pies y olvidamos que la esencia de los zapatos es proteger el pie mientras caminamos, es pues una herramienta de uso cotidiano.

Si sólo  nos despojamos de los zapatos para dormir, es necesario que nos demos tiempo para buscar los que logren equilibrar la hermosura con la comodidad, pues tampoco se trata de ir por la vida con zapatos cómodos al pie pero incómodos a la vista.

El País hizo un recuento sobre el caso:

Las marcas que más triunfan en la industria de ropa interior hoy en día son aquellas que han entendido que no hay mejor mensaje de marketing que defender que la comodidad no tiene por qué estar reñida con el diseño. Pero en el calzado (aún) no es así. Basta con echar un vistazo al último desfile de la colección crucero de Marc Jacobs, donde varias modelos se cayeron al pisar la pasarela con unos botines traicioneros, ante la estupefacción contenida de los asistentes. El otoño, además, viene cargado de plataformones imposibles: 19 centímetros en Marc Jacobs, 17’7 centímetros en Gucci o 14 en las botas mosqueteras de Balenciaga. No obstante, la altura no siempre tiene que ir reñida con la comodidad. Como bien advertía Manolo Blahnik: “unos buenos stilettos pueden ser más cómodos que una plataforma horrenda”. Sólo hay que esmerarse más en que así sea eligiendo los diseños adecuados.

Al final, elegir los zapatos correctos, tiene que ver con aplicar la lógica: “Es importante que el calzado se adapte a nosotros, no nosotros a él. Es cierto que hay trucos como utilizar crema hidratante en el pie o poner un poco de crema al zapato para tolerarlo mejor. Pero en general, si un zapato hace daño lo recomendable es no seguir usándolo. Si molesta desde el principio, no es buena señal”, resume el podólogo Miguel Cánovas dejando claro que ‘hacer callo’ no es la solución al problema.

El remedio pasa más bien por que “las mujeres cambiemos la cultura del calzado”, tal y como rezaba otro de los comentarios de una lectora. En un momento en el que las actrices se han quejado de los insufribles tacones (y algunas los han mandado a freír espárragos), la industria aprueba el feísmo ortopédico en pos de la comodidad y las jóvenes españolas se apuntan a la lucha contra la dictadura de las rozaduras en los pies a través de las redes sociales, no cabe duda que las ansias de cambio están ahí. Básicamente para poder seguir caminando.

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