Nariz perfecta ¿sin cirugía?

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Nadie está a gusto con su nariz, todas quisiéramos un poco más allá, un poco menos acá. Pero a muchas nos asusta una cirugía que, dicen, duele muchísimo.

¿Es posible lograr una nariz ideal sin pasar por el quirófano, sin postoperatorio, sin hinchazón ni moratones? Unas veces, sí, otras, no. Es la respuesta de la comunidad médica al autobombo del famoso doctor Simon Ourian.

Él es cirujano plástico titulado, es más conocido por ser uno de los magos de los pinchazos y los protocolos poco invasivos en Beverly Hills. Para entendernos, la carnosidad de los labios de Jessica Alba y Kylie Jenner salió de sus jeringuillas de ácido hialurónico. No es que el doctor sea el único en practicar rellenos faciales, pero su clínica es una de las más codiciadas.

Su más reciente oferta de belleza es la rinomodelación no quirúrgica (él la llama micro-droplet injection). En 15 minutos, previa anestesia local, con unos pinchazos de relleno a base de ácido hialurónico elimina el valle existente entre el prominente caballete de su paciente y la frente. Factura total: entre mil 900 y 4 mil 900 dólares a lo que hay que sumar otros 500 dólares de consulta previa.

Los resultados son permanentes o, al menos, muy duraderos. ¿Ha descubierto la pólvora? En absoluto. “La técnica lleva años realizándose. Es verdad que muchos pacientes no la conocen y les sorprende que con cuatro pinchacitos se logren resultados tan buenos sin entrar en quirófano”, explica la doctora Elvira Ródenas, directora médica de Slow Life House, entrevistada por S Moda.

Sin embargo, hay quienes aseguran que no todas las narices se pueden arreglar así. “Rellenando con ácido hialurónico se puede camuflar un caballete o levantar la punta de la nariz, pero no siempre es la alternativa a la cirugía”, apunta el doctor Moisés Amselem. De hecho, más que un primer recurso para arreglar una nariz poco agraciada, este tratamiento suele ser el segundo plato para aportar el toque maestro tras pasar el quirófano. Bien porque el cirujano no haya tenido una sesión muy acertada con el bisturí o por pequeños defectos en la cicatrización. “Al ser tan sutil, con unas gotas podemos reparar las pequeñas asimetrías o irregularidades que aparezcan tras una rinoplastia”, advierte la doctora Marina García Moya, de Instituto De Benito.

La magia de la jeringuilla, sin embargo, tiene límites. Si, como decía Quevedo, eres un hombre (o una mujer) a una nariz pegada, olvídate de los pinchazos porque no van a achicar un perfil tan prominente. Eso solo lo alivia el bisturí. Tampoco repara un tabique torcido, ya se sabe, la razón por la que muchas misses y famosos recurren al cirujano (jamás es por mejorar una napia superlativa, que ellos nunca tienen nada de eso). Por si fuera poco, la propia fisonomía interna del apéndice nasal determina el conservadurismo a la hora de meterle mano, con jeringa o con bisturí. “La circulación sanguínea en la nariz se distribuye de manera irregular. Cualquier intervención (y esto incluye también la rinoplastia) puede comprometerla y dañar el cartílago, un tejido que se regenera ya de por sí mal y es muy sensible a la falta de aporte sanguíneo”, advierte el doctor José Vicente Lajo Plaza, director del Centro Médico Lajo Plaza.

Enchufar hialurónico a mansalva y a contrarreloj, tal como parece sugerir Ourian, no parece lo más sensato. “Realizo muchas de estas rinoremodelaciones en hasta cuatro sesiones, incluso gota a gota. Se trata de un trabajo totalmente artesanal en el que es importantísimo no excederse en la cantidad ni equivocarse en el plano. Si se presiona un vaso y no circula la sangre, se puede necrosar el tejido irrigado por ese vaso y crear agujeros”, recalca la doctora Ródenas. “El área más complicada es la punta de la nariz, tanto porque hay muy poco espacio, como por su vascularización”. Los precios oscilan entre los 500 € y los 1.500 €. “No dependen tanto de la cantidad de producto infiltrada – se requiere muy poco – sino de la dificultad”.

Las doctoras Mar Mira y Sofía Ruiz del Cueto, por su parte, en ocasiones echan mano del bótox para mejorar el aspecto de la nariz. “Del relleno se encargan efectivamente el ácido hialurónico o la hidroxiapatita cálcica. Pero si, por ejemplo, queremos relajar los músculos que deprimen la nariz, entra en juego la toxina botulínica del tipo A. Es una técnica muy sencilla y prácticamente indolora, por lo que se realiza en una sola sesión y sin anestesia. Los resultados se aprecian a los 3 o 4 días y duran de 4 a 6 meses”, apuntan. En contra de la feliz salida de la clínica que parecen tener las pacientes del doctor de Beverly Hills, advierten que suele apreciarse una ligera inflamación transitoria de unas 24 horas. En cuanto a los efectos, de eternos, nada de nada. Todo lo más, entre 18 y 24 meses. Luego, a volver a retocar. Es la versión ‘beauty’ del mito de Sísifo.

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