¿Que hay detrás de la flojera?

pereza

Mara Rodríguez Masdefiol*

La pereza, comúnmente llamada flojera, es tal vez uno de los defectos humanos que más se desprecian. Desde que somos niños nos enseñan con vehemencia que es mala, peligrosa, indeseable, y ¡pecado capital!. Los padres y los maestros no soportan ver a un niño flojo, y los adultos perezosos son repudiados y juzgados.Aun cuando todos tenemos ratos o etapas en que sentimos flojera y desmotivación, hay personas para quienes ése es su estado normal. Pareciera que esa gente a la que llamamos floja, no tiene energía vital; cualquier actividad que realiza le exige más esfuerzo que a la mayoría de las personas. En casos extremos, y tal como lo decimos de manera popular, le tiene que pedir permiso a sus brazos para moverlos y convencer a sus piernas para que caminen. Deja casi todo inconcluso, tiene una enorme pila de pendientes por hacer en la vida y una gran incapacidad para tomar medidas al respecto.

Los perezosos reciben mucho rechazo y regaños por parte de quienes les rodean, ellos mismos se rechazan y regañan a si mismos, y como es de suponer, sienten mucha culpa. Es muy importante entender que la persona perezosa no lo es por gusto, mucho menos por decisión. Los que tenemos capacidad de acción podemos llegar a creer que nomás es cuestión de que quieran, hagan a un lado la flojera y ¡actúen¡ Pero hay mucho más que eso detrás de la flojera.

Hay varias razones para que una persona experimente esa apatía y aplanamiento al que llamamos pereza: por una parte, puede ser síntoma de una depresión no identificada y no atendida, también puede deberse a deficiencias nutricionales, e incluso, podría ser señal de algún problema glandular que crea desequilibrios químicos en el cuerpo, o quizá el indicio de una enfermedad enmascarada o todavía no manifestada.

Pero en el plano psicológico, lo que hay detrás de la flojera son sentimientos viejos, bloqueados, negados y reprimidos, que merman y ahogan el flujo energético de la persona, llamado eros, o fuerza vital, la cual deja de fluir y se encuentra estancada, atorada, y para decirlo en términos muy simples, le baja la batería. Esos sentimientos son dolorosos o amenazantes, difíciles de enfrentar, por eso es que la persona los ha bloqueado. Es necesario entender que el hecho de negarse a reconocer un sentimiento no significa que éste se vaya, ahí se queda, sigue existiendo y afectando la vida, y buscará salidas sustitutivas, patológicas, para manifestarse.

A una persona que experimenta esa clase de “pereza existencial” le conviene buscar ayuda profesional, para recuperar el aliento de vida que se le ha apagado.Quienes viven a su lado, necesitan apoyarla para dar el primer paso, hacer la cita, acudir a ella y seguir las indicaciones recomendadas, ya que, a estas personas les cuesta inmensamente realizar acciones que para cualquiera de nosotros puede ser la cosa más fácil. Así mismo, la persona afectada de flojera crónica, necesita tener la disposición para reconocer que requiere ayuda y para dejarse ayudar, poniendo todo de su parte a fin de resolver el problema.

La flojera no es natural al ser humano. Estamos diseñados para tener la energía vital, motivación, entusiasmo y capacidad de acción; cuando las cosas no funcionan así, es que algo anda mal, y, la buena noticia, es que tiene solución.

*La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

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