¿Es posible perdonar?

 Sólo existe el perdón cuando te das cuenta de que en

realidad no tienes nada que perdonar. Victor Frankl

 

Por Mara Rodríguez Masdefiol*

abrazo-625x350Perdonar no es tarea fácil, ya que los eventos de la vida que son susceptibles de ser perdonados tienen una carga de sentimientos muy dolorosos: rechazo, desilusión humillación o traición. Nos sentimos lastimados y expresamos cosas como: “Jamás lo perdonaré”, “después de lo que me hizo, ¿todavía perdonarle?”, como si al disculpar le estuviéramos haciendo un favor al otro.

La verdad es que mientras no perdonamos, no podemos tener una verdadera paz interior, pues los seres humanos no estamos diseñados para tener al mismo tiempo dos sentimientos opuestos como el rencor y la paz; la segunda no podrá llegar hasta que nos liberemos del primero. Perdonar es entonces un gran favor que te haces a tí mismo.

Perdonar es posible, pero  es necesario permitirnos vivir las diferentes etapas que nos llevan a la curación interior y al perdón; al verdadero, no a ese que es más racional que real, cuando decimos: “ya perdoné”, pero tenemos “insomnio crónico” (sí, no es por causas orgánicas), o manejamos la llamada agresión pasiva hacia esa persona, como ridiculizarla en público; hacer bromas sarcásticas y pesadas respecto a  ella; “olvidar” citas, cumpleaños o cosas importantes para esa persona, o quizás tener “accidentes involuntarios, como quemar su pantalón favorito, tirar el café sobre sus papeles, claro, “involuntariamente”.

 La verdad es que todos estos incidentes son indicativos de que estamos en negación, la cual es una defensa psicológica activada por nuestro inconsciente, que nos impide aceptar nuestro resentimiento porque reconocerlo nos haría sentir malos o avergonzados.

Cuando salimos de la negación y reconocemos nuestro rencor y resentimiento, cuando aceptamos que en realidad no hemos perdonado, entonces damos un gran paso hacia el perdón. Como resultado de esta aceptación, de forma inevitable, entraremos a otra etapa donde podemos experimentar culpa. Podamos creer que de alguna manera somos los causantes de lo sucedido.

Nos repetimos en nuestro interior pensamientos como “si hubiera sido más delgada…””si hubiera sido más cariñoso…””Si me hubiera dado cuenta a tiempo…”, “Si hubiera hecho…si no hubiera hecho”. Ante esto es necesario hacer un inventario de las situaciones o comportamientos de ambas partes que propiciaron éste evento doloroso en nuestra vida, para darnos cuenta de que sólo tenemos una parte de responsabilidad.

Y algo muy importante: no evaluemos el pasado desde la mirada, la experiencia y la madurez del presente, ya que en el momento hicimos lo mejor que pudimos y usamos las únicas herramientas de que disponíamos entonces.

Para dejar este sentimiento de culpa, inconsciente nos movemos a otra etapa en la que nos ubicamos en el papel de víctimas, así volcamos todo lo sucedido al otro. Pensamos y expresamos aseveraciones como: “me hizo”, “pobre de mí” “yo que siempre me porté tan bien”. La actitud de víctima es tan cómoda que puede resultar peligrosa, puesto que podemos quedarnos años o el resto de la vida atorados en esa etapa en que todos tienen la culpa menos yo, en que todos son responsables de mi vida y mis sentimientos, excepto yo. Por supuesto, la víctima no es felíz y vive una constante sensación de vulnerabilidad y baja autoestima.

Para salir de esta postura de víctima, es necesario confrontarnos a nosotros mismos, de manera que cada vez que nos oigamos quejándonos de lo que nos pasa, nos preguntemos: ¿y por qué sigo soportando esto? ¿Por qué sigo en esta relación de pareja donde sufro tanto?, ¿Por qué no renuncio a éste empleo y busco uno que me satisfaga? ¿Por qué sigo permitiendo tal o cual abuso o maltrato?, hay que responderse muy honestamente, y tal vez encontraremos respuestas como “sigo en esta relación, por que no puedo mantenerme sola”, o “porque tengo miedo a vivir sola”, o “por tener una imagen social”, “soporto este abuso por que no me atrevo a poner límites”, o “porque no quiero perder la futura herencia”, o “para que digan que soy muy buena”, o “por simple flojera y comodidad”.

Entonces te darás cuenta de que simplemente estás pagando un precio a cambio de lo que ésa situación te proporciona, o porque encuentras ganancias convenientes para ti. Y siendo así, ¿por qué te quejas?  La verdad es que tampoco somos ningunos inocentes: también herimos al otro y de muchas formas nos cobramos “las facturas” que no debe. Créeme, mientras no dejemos de sentirnos víctimas no podremos perdonar y vivir en paz.

Al dejar la etapa de víctima sin duda tendremos que entrar en contacto con uno de los sentimientos más inaceptables socialmente: la ira. ¡Es tan difícil reconocer: “tengo mucho rencor hacia mi padre, mi madre, mi hijo, mi pareja, mi hermano!” Pero si somos tan valientes para aceptarlo, podremos trabajar con nuestra ira para liberarla, haciendo cosas como escribir cartas, dirigidas a la persona con la cual estamos resentidos, y que por supuesto no la vamos a entregar.

En ellas le permitiremos a esa parte nuestra tan dolida y resentida desahogarse, expresar todos sus reclamos, todo su dolor, toda su ira, y después de horas, días, semanas o meses, cuando estemos listos para hacerlo, quemaremos esas cartas dejando ir esos sentimientos que  estorban a la felicidad. También es muy útil buscar ayuda profesional para liberarnos de la ira y todos los sentimientos insanos involucrados en esta vivencia.

Esto funciona. Después de algún tiempo comenzaremos a ver la luz, notaremos que aquellos sentimientos tan intensos y abrumadores se han diluido, o por lo menos han bajado de intensidad. Entonces estaremos listos para rescatar todo lo bueno que esa experiencia nos dejó, para reconocer cómo gracias a ella nos fortalecimos, aprendimos, maduramos, crecimos.

Ese incidente sucedió, lo viviste de la mejor manera que pudiste; te causó dolor, pero tú tienes la alternativa de utilizar esa experiencia para aprender y crecer o para llenarte de amargura y rencor, la decisión es tuya. Y quien elige la primera opción puede comprender las palabras de Victor Frankl cuando expresó “Sólo existe el perdón, cuando te das cuenta de que en realidad no tienes nada que perdonar”.

 *La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

Deja una respuesta

Sorry, you can not to browse this website.

Because you are using an outdated version of MS Internet Explorer. For a better experience using websites, please upgrade to a modern web browser.

Mozilla Firefox Microsoft Internet Explorer Apple Safari Google Chrome