¿Cómo establecer una verdadera comunicación en la familia?

escuchar

Mara Rodríguez Masdefiol*

 

El diccionario define la palabra comunicación como la acción de transmitir, conversar, hacer contacto. Pero hay una mejor definición que es “la acción de transmitirte y mostrarte todo lo que soy, tanto mi luz como mi sombra, y estar abierta  a recibir lo que tú eres, tanto tu luz como tu sombra, y así poder comprendernos, respetarnos y amarnos tal como somos.”  A eso le llamo “estar unidos alma con alma”. Y esta es la verdadera comunicación.

Aun cuando hay muchos factores que pueden llegar a impedir una comunicación sana con los demás, alejándonos unos de otros, existen tres recomendaciones que pueden traer cambios positivos en la comunicación.

La primera recomendación es desarrollar la capacidad de “ponernos en los zapatos de otros”, esto es poder sentir, ver, percibir una situación desde los sentimientos y el punto de vista de otra persona, no con el propósito de justificar su conducta, sino de comprender sin juicios sus porqués. Dicha conducta nos lleva a ser compasivos y respetuosos hacia la historia y heridas ajenas, ya que al final de cuentas, todos traemos una.

Otra herramienta de la verdadera comunicación es la capacidad de escuchar. Casi todos interrumpimos cuando el otro habla con el propósito de defendernos, justificarnos, o revirarle lo que está diciendo. Algunas veces ni siquiera escuchamos a la otra persona porque nuestro diálogo interno está ocupado haciendo juicios o planeando la respuesta para que sea “tan buena” que nos haga ganar la competencia.

Otra faceta que interrumpe la comunicación y la capacidad de escucha, es que en lugar de poner toda nuestra atención en el otro cuando nos habla, dejamos que nuestra mente se desvíe a mil lugares y no estamos escuchando nada. Y esto se agrava cuando es un ser querido, que nos habla acerca de sus sentimientos, necesidades y su mundo interior.

Desarrollar la capacidad de escucha significa tener la voluntad de poner atención al otro cuando se expresa y desarrollar la disciplina de dominar el diálogo interno que nos distrae o la boca que quiere interrumpir para establecer su punto.

Por último, la capacidad de respetar las diferencias y aceptarnos unos a otros tal como somos es otro factor que contribuye a la sana comunicación. Queremos cambiar a los demás, criticando y enjuiciando por que no son como nosotros quisiéramos que fueran, convencidos de que sabemos mejor que nadie como debe ser cada persona y de que tenemos la verdad absoluta sobre lo que es correcto o incorrecto.

Esto es como decir “todos que sean como yo quiero, para que yo viva muy a gusto y no tenga que incomodarme tratando de cambiar.”

Para desarrollar la capacidad de respetar las diferencias es útil confrontarte a ti mismo con estos cuestionamientos ¿Quién dice que tengo yo la verdad absoluta? ¿Quién me ha otorgado el derecho para querer cambiar a todos? ¿Quién dice que yo sé lo que los demás deben ser, hacer, pensar o sentir?

La familia es, o debería ser, nuestro santuario, el espacio que nos acoge y proporciona seguridad, el sentido de pertenencia, y las herramientas necesarias para ir por la vida, ¿no crees que vale la pena cualquier esfuerzo que hagas para que cumpla su hermosa e importante función?

**La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

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