Un diario y su historia III

diarioHILDA VERGARA HERNÁNDEZ

UN DIARIO Y SU HISTORIA

Derechos Reserv@dos 2015

.

 C O N T I N U A C I O N   PARTE III

 

 

La mañana de clases paso sin pena ni gloria, obviamente, me comporté lo mejor que pude y hasta participaba en clases para que vieran que me portaría bien.

Al terminar el recreo mi maestra Catita, así se llamaba, me pidió que la acompañara nuevamente a la Dirección, y yo, con una cara de susto y casi llanto le juré y perjuré que no había hecho nada, que me había portado bien, que porqué me llevaba a la dirección y con una dulzura que no he de olvidar jamás, se agacho a mi altura y me dijo:

  • “No Valentina, no te asustes. Sé que te has portado bien, cosa que te agradezco, la Señora Directora quiere hablar con nosotras, creo que te va a felicitar”

Lo dijo cerrando un ojo y sonriendo muy feliz, así que yo me limpié mis lágrimas que ya abundaban en mi rostro y también sonreí siguiéndola hacia la Dirección.

La Señora Directora acompañada por una de mis tías y sentada frente a su escritorio se levantó cuando entramos – sonreía,  pero yo, me volví a asustar cuando vi a la tía y pensé: ahora sí Valentina, ya pintaste tu calavera, castigo segurito- pero con  voz cándida la Directora dijo:

  • “Valentina, cité a tu tutora porque quiero comunicarles que el viernes pasado te aplicamos el examen final de primero año y obtuviste la calificación de diez, te aplicamos el primer semestral de segundo año de primaria y sacaste nueve, así que tengo la facultad y la autorización de la SEP para que a partir de mañana te presentes a tomar clases en el segundo año con la maestra Célida, y señorita –dijo viendo a mi tía- no dudo que el examen final de segundo año tendrá una calificación similar, así que, muchas felicidades, su sobrina cursará en un año primero y segundo de primaria, así que no olvide al finalizar el curso escolar pedirles a las maestras las boletas correspondientes.

 Y tú Valentina, sigue aprendiendo, que es muy grato tener alumnas brillantes, si tienes dudas o hay cosas que ya conoces, dile a la maestra y ella sabrá qué hacer, ¿de acuerdo?”

La Señora Directora me dio un beso y una paleta de dulce, mi maestra y yo salimos de la dirección. Eso que acababa de decir la directora no era muy claro para mí, seguía con miedo, supuse que algo malo  había hecho, por eso me cambiaban al grupo de las niñas grandes.

Hoy me queda clarísima la brillante lucidez y visión de la Señora Directora al ver en mí el conocimiento adelantado y la facilidad por el aprendizaje, ya que, gratamente y con un poco de ego, puedo decir que en un ciclo escolar cursé primero y segundo año de primaria y en el siguiente ciclo escolar cursé el tercero y cuarto año de primaria,  porque me sucedió exactamente lo mismo que en el ciclo anterior, así que concluí mi primaria a los diez años de edad, aún en casa de las tías rodeada ahora con mis cinco hermanos y tres primas más.  Era como estar en una guardería privada.

La maestra Célida me dio clases en segundo, tercero, cuarto y quinto de primaria, de ella tengo recuerdos y enseñanzas gratas y muy marcadas. Ella era hija de españoles que se exiliaron en nuestro país durante la guerra civil. Una mujer guapa de unos 35 años, soltera, vestía elegante y de buenos modales.  Vivía  sola con su madre en un departamento bastante confortable con muebles de caoba y de buen gusto, muchos cuadros -que después me enteré eran de pintores reconocidos- vajillas de porcelana, cubiertos de plata,  gobelinos persas, edredones de algodón,  inciensos y un estilo de vida poco común en la ciudad, tomaban el té a las seis en punto, como toda tradición inglesa adoptada por algunos europeos. Su casa siempre estaba impecablemente ordenada y olía a madera y flores.

Que porqué lo sé, pues porque  después de haber llegado en medio del ciclo escolar al grupo de segundo año de primaria donde no fui muy bien aceptada por las compañeras y aunque no lo crean ya existía el bulling, siendo víctima de semejante castigo. Mis compañeras no me integraban a sus grupos y yo,  no lograba interactuar con ellas por lo que era algo así como la apestada  o la rara del grupo, situación que ayudó para que la maestra Célida notara que me quedaba sola en el salón durante el recreo en lugar de salir a jugar como todas. Así que optó por invitarme a que juntas tomáramos los alimentos del recreo  ya que ella tampoco se reunía con las maestras como lo hacía el resto.

Durante siete u ocho meses mi recreo lo compartía con la Maestra Célida, ese lapso de tiempo dio la pauta para que me adoptara y me invitara a su casa por las tardes, después de la escuela.

Afortunadamente para mí, la maestra Célida vivía a una cuadra y media del depa de las tías, así que después de pedir el permiso correspondiente, las tías condicionaron a que:   iría después de comer y haber lavado los trastos, sería la Miss quien fuera a traerme y regresarme, iría de cuatro a siete de la tarde y tres veces por semana.  La maestra sugirió que los días que estuviera en su casa, comería con ellas. Las tías aceptaron, no de muy buen agrado, pero aceptaron. Gracias a Dios.

Así que una vez adaptada a mi nueva vida en la ciudad y aprendiendo muchas cosas con gran rapidez, me convertí en la pupila consentida de la Maestra Célida.  Porque fui como una plastilina en sus manos a la que fue moldeando a gusto y semejanza.

Y comenzó mi valiosa formación que valoro y agradezco a Dios, a Miss Célida y a la vida por esta hermosa oportunidad.

Los lunes, miércoles y viernes eran los mejores días de mi infanta vida.   A las cuatro en punto pasaba por mí la Miss Célida; caminábamos una cuadra y media hacia su casa, pasando por el frente y costado de la Iglesia de la Soledad, ella se detenía frente a la iglesia y se persignaba, cosa que aprendí a hacer sin mucho esfuerzo, viniendo yo de una familia católica.

Llegando a su departamento, se confundían los olores, entre ese agradable aroma a campo fresco, a  caoba y a comida… mmmm con el tiempo mi olfato aprendió a definir cada uno de los olores con precisión hasta poder adivinar cuál sería el platillo que degustaríamos.

La Sra. Constanza Legarreta -que era el nombre de la madre de Miss Célida- nos esperaba con una sonrisa amable y con ese acento aun madrileño nos decía:

  • “Vaya que han llegado, pongamos la mesa que muero de hambre, he calentado la comida, así que daros prisa por favor!”

Una de mis tareas consistía en que juntas pondríamos y recogeríamos la mesa, así aprendería a poner una mesa, sabiendo qué tipo de copas, vasos, cubiertos, platos, irían de acuerdo al menú

Ese día el menú consistía en ensalada de lechugas con aderezo de aceite de olivo con ajonjolí, fabada como plato fuerte, manzanas con canela y pastel de zanahoria como postre, agua mineral, vino tinto para ellas y café; porque a las seis tomaríamos el té.

Durante las comidas las charlas variaban entre un poco de historia de la vieja España, de sus viajes por Europa, de los problemas en la escuela, de cómo me sentía yo en ella, de cómo extrañaba a mis padres, de cómo era mi vida al lado de las tías, de la música, del baile y de cosas triviales y cotidianas… me sentía muy bien con ellas, tenía mucho que aprender, mucho.

En el inter con mucha sutileza me decía Miss Célida:

-“no debemos poner los codos sobre la mesa cuando comemos, debemos comer con la boca cerrada, no hacer ruido al masticar, no hablar con la boca llena, para tomar agua no debes tener alimento en la boca, la servilleta se pone sobre las piernas para poder limpiar la boca si es necesario, usar los cubiertos correctamente”

Es decir, mis visitas a su casa no solo eran para adelantarme en las clases del colegio. Implícitamente tomaba clases de hábitos y buenas costumbres según la sociedad,  en este caso, la sociedad poblana. Resultando ser una excelente alumna.

Antes del té, me ponía a leer en voz alta diferentes títulos: Bertoldo, Bertoldino y Cacaceno de César Croce, Cartas a Lucilio de Séneca, Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, Libro de Poemas entre muchas más. Obras que recuerdo con cariño y que en su momento no les di el valor que hoy en día les doy.

La Miss no solo me enseñó a leer con fluidez y entonación sino que me condujo hacia el hábito  de la lectura que después reforcé con mi padre, quien también gusta de ella, me inició en el análisis y critica de la lectura.

Era como la alumna piloto en su grupo, porque no solo aprendía o me adelantaba en los conocimientos escolares obteniendo siempre un excelente promedio, sino que también me enseñó a tejer, a bordar, a pintar y otras manualidades que realmente hoy me sorprendo por saberlas.

Obviamente estos adelantos no solo escolares sino sociales y culturales fueron plenamente aprovechados y reflejados en mi vida diaria.  A tal grado que llego el momento en que las tías empezaron a ver con malos ojos el que yo me comportara con cierta propiedad que,  rebasaba sus enseñanzas y formación que tenían a cargo.  Situación que comenzó a crearme cierto conflicto con ellas y con las primas. Creando una situación un tanto ríspida, dando como resultado el  ya no darme permiso de ir con la Miss Célida.  Definitivamente me volví  diferente. Y sigo siendo muy diferente.

El fruto y satisfacción de esta hermosa relación maestra-alumna concluyó con mi primaria a los diez años y aprendí muchas “pequeñeces” sociales-culturales que me marcaron en mi vida y me formaron en parte como individuo. Justo en el umbral de mi adolescencia.

Siempre le viviré eternamente agradecida a Miss Célida por su tiempo y paciencia al regalarme ese espacio en su vida. Por hacerme soportable la estancia en casa de las tías.  Por enseñarme a entender que si el nacer duele, el crecer duele más.  Por mitigar mi dolor por la ausencia de mis padres, por enseñarme a no odiar las condiciones de vida que a veces tenemos involuntariamente.  Por enseñarme a agradecer todo lo bueno y malo que nos pasa, porque eso hace la diferencia entre uno y otro individuo. Porque eso es lo que nos hace fuertes e indestructibles, la fortaleza, el conocimiento, la paciencia y la prudencia. Pero sobre todo, el no olvidar nuestras raíces. Vaya que si lo he aplicado cada día de mi vida. ¡Pero por supuesto!

 

 

 

C O N T I N U A R Á …

Deja una respuesta

Sorry, you can not to browse this website.

Because you are using an outdated version of MS Internet Explorer. For a better experience using websites, please upgrade to a modern web browser.

Mozilla Firefox Microsoft Internet Explorer Apple Safari Google Chrome