Niño interior: conductas adictivas compulsivas

adicciónPor Mara Rodríguez Masdefiol*

El niño herido que subyace en nosotros es causa importante de una conducta adictiva. El factor común de cualquier tipo de adicción se asocia a las necesidades insaciables de amor, apoyo, atención, reconocimiento que carecemos desde que eramos niños y que, todavía, buscamos llenar  con conductas nocivas para nosotros.

Una adicción tiene una relación patológica con cualquier forma de alteración del humor, que tenga consecuencias perjudiciales para la vida. Las adicciones a todo lo que se puede ingerir son las que más alteran el humor. El alcohol, las drogas y los alimentos tienen un inherente potencial químico que provoca la alteración del humor.

Las conductas adictivas también incluyen el trabajo, ir de compras, el juego, el sexo y los rituales religiosos. De hecho, cualquier actividad que se utilice para alterar los sentimientos, esto es, porque ellas distraen. Las actividades cognoscitivas son una manera de evitar sentimientos.Todos las adicciones tienen un componente racional que se llama “obsesión”.

Los sentimientos también pueden ser adictivos, la ira, la tristeza, el miedo, etc… Disfrazan el dolor y la tristeza. Cuando uno está iracundo, gritando, lejos de darse cuenta de que esa conducta tapa todo el miedo y la inseguridad con la que vivimos, nos sentimos importantes y poderosos, más que vulnerables e impotentes. Ahí está mi niño herido manifestándose.

Los adictos al miedo tienden a ver catástrofes y desastres por todos lados, siempre están preocupados y vuelven locos a los demás. Otros son adictos a la tristeza o a las penas. Parece no sentirse tristes, son tristes. Para un adicto a la tristeza, ésta se convierte en su propia forma de ser.

Otros son los adictos a la alegría. Son como niños buenos obligados a sonreír y estar alegres. Es como si la sonrisa se hubiera congelado en su rostro. Los adictos a la alegría nunca ven nada mal. Los objetos también crean adicciones, el dinero es la “cosa” más común, y cualquier objeto puede convertirse en una adicción, que pueda alterar nuestro humor.

En el fondo de la mayoría de las adicciones, no importa qué factores genéticos intervengan, se encuentra el niño herido de la infancia, quien constantemente anhela la satisfacción de sus necesidades. No se requiere estar mucho tiempo junto a un adicto para observar esa conducta en él.

Si tu detectas que vives con algún tipo de adicción, no dudes en trabajar con tu niño herido y encontrar cuál o cuáles son las necesidades que quedaron pendientes de cubrir en tu infancia para que de ahora en adelante seas tú mismo el que las pueda satisfacer, y dejes de buscar en cosas externas las satisfacción de las mismas.

*La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

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