Niño herido: pérdida de confianza y disciplina

confianza

Por Mara Rodríguez Masdefiol*

¿Te cuesta trabajo confiar en ti y en los demás? ¿Buscas tener todo bajo control? ¿Te dicen que eres controlador y eso te ha ocasionado problemas en tus relaciones? Entonces, sigue leyendo…

Otra de las actitudes del niño herido que contamina mi vida y me la complica, es la falta de confianza, ¿qué originó eso? Cuando los padres o tutores no inspiran seguridad se desarrolla en el niño un profundo sentimiento de desconfianza, el mundo parece un lugar hostil, inseguro, peligroso, impredecible, incierto. Por lo tanto, el niño busca estar siempre alerta y tener todo bajo control, eso le genera seguridad aparente. Piensa “si yo controlo todo entonces nadie me podrá sorprender descuidado y lastimarme”.

El control se convierte en adicción, nunca se está satisfecho hasta que las cosas se hacen a su modo. La locura -porque eso es-, de controlarlo todo causa severos problemas, no hay manera de intimar con un compañero que desconfía de uno. La intimidad exige que cada cónyuge acepte al otro, tal como es. Cuando uno desconfía de la pareja no se genera esa intimidad basada en confianza, y por lo tanto, la relación se va fracturando poco a poco hasta que se va perdiendo uno de los ingredientes básicos de la relación: la confianza. Y esto se aplica en cualquien relación, padres con hijos, de pareja, de amistad, etc.

Lo primero que debemos aprender en la vida es que los otros (papá, mamá, el mundo exterior) son dignos de confianza. Si podemos confiar en el mundo, seremos capaces de aprender a confiar en nosotros mismos.

Por otro lado, hablando de conductas no disciplinadas, ¿Te cuesta trabajo tener disciplina? ¿Terminar lo que empiezas? ¿Imponer tu voluntad a la flojera? ¿A qué se debe?

La palabra disciplina, proviene del latín disciplina, que significa “enseñanza”. Al disciplinar a los niños les enseñamos a vivir más productivamente y amorosamente. LA DISCIPLINA ES UNA MANERA DE REDUCIR EL SUFRIMIENTO DE  LA VIDA.

Aprendemos que decir la verdad, posponer la gratificación, ser honrados con nosotros mismos y ser responsables puede acrecentar los goces y placeres de la vida. Los niños necesitan padres que sean modelos de autodisciplina. Aprenden lo que realmente hacen sus padres, no de lo que dicen que hacen. Cuando los padres dejan de ser modelos de disciplina, el niño se convierte en indisciplinado; cuando los padres aplican la disciplina rígidamente, el niño se vuelve sobredisciplinado.

El niño indisciplinado haraganea, es reticente, se niega a aplazar la gratificación, se rebela, es voluntarioso y terco, y actúa impulsivamente sin pensarlo. El niño sobresdisciplinado es rígido, obsesivo, sobrecontrolado y obediente, complaciente con la gente y devastado por la verguenza y culpa. Sin embargo, la mayoría de nosotros, que poseemos en nuestro niño interior un niño herido, fluctuamos entre la conducta indisciplinada y sobredisciplinada.

¿Te identificas con alguna de estas actitudes? entonces empieza a trabajar desde hoy, es más fácil cuando yo me doy cuenta qué fue lo que me originó la falta de confianza, la indisciplina, o la sobredisciplina, me doy cuenta también que yo no soy así, si no que es algo que simplemente me tocó vivir para poder trabajarlo.

 *La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

Deja una respuesta

Sorry, you can not to browse this website.

Because you are using an outdated version of MS Internet Explorer. For a better experience using websites, please upgrade to a modern web browser.

Mozilla Firefox Microsoft Internet Explorer Apple Safari Google Chrome