Mi niño herido: conductas ofensivas

ofensivaPor Mara Rodríguez Masdefiol*

Generalmente, los agresivos no aceptan la responsabilidad de su conducta

Hola amigos, siguiendo con el tema del niño herido, la semana pasada comentamos sobre la codependencia, una conducta no funcional que se manifiesta en el adulto y que genera sufrimiento porque no podemos vivir, pensar ni actuar a través de los demás. Se genera desde la infancia cuando de niños perdemos nuestra identidad, desconectándonos de nuestras necesidades básicas, lo cual nos lleva a olvidarnos de nosotros por estar viviendo para los otros o por los otros.

Ahora comentaremos sobre otra conducta resultado de mi niño herido que, aunque yo tenga la edad que sea, se sigue manifestando continuamente en mi forma de relacionarme conmigo y con los demás. Pensamos que todas las personas que poseen un niño herido en su interior son agradables, calladas y sufridas, pero ese niño herido es responsable de mucha violencia y crueldad hacia ella misma y hacia los demás. Un ejemplo de ésto es Hitler, quien fue crónicamente golpeado en su infancia, fue humillado por su sádico padre, quien era el hijo bastardo de un terrateniente judío. Hitler reprodujo la forma más extrema de esa crueldad en personas inocentes.

Generalmente, los agresivos no aceptan la responsabilidad de su conducta. Ellos infringen las mismas heridas que a ellos les hicieron. La conducta ofensiva, la principal fuente de destrucción humana, es el resultado de la violencia padecida en la infancia y del sufrimiento y dolor experimentados por esa situación. El ahora niño herido e impotente se convierte en el adulto ofensivo.Cuando un pequeño es objeto de cualquier tipo de abuso en realidad se le está preparando para convertirse en un ser  ofensivo. La violencia física, sexual o emocional es tan aterrorizante que el niño pierde su identidad cuando sufre un abuso. Para sobrevivir al dolor, el niño se identifica con el ofensor.

Si bien la mayor parte de la conducta ofensora tiene su origen en la infancia, no siempre es resultado de la violencia. Algunos seres ofensivos fueron “echados a perder” por sus padres complacientes y consentidores, que les hicieron sentirse superiores a los demás, niños consentidos que creyeron que se merecían un trato especial de parte de todos y que lo que ellos hacían era siempre lo adecuado. Perdieron todo sentido de responsabilidad, pensando que sus problemas eran siempre causados por otros.

La persona aquejada por una vieja pena dice cosas que no son pertinentes, hace cosas que no dan resultado; no puede hacer frente a los problemas, y soporta terribles sensaciones que no tienen nada que ver con el presente.

Ahí está mi niño herido.

 

*La autora es licenciada en psicología, especialista en desarrollo humano y psicoterapia para niños, adolescentes y adultos con enfoque Gestalt y humanista. Si te interesa contactarla puedes hacerlo en su número móvil 2221199224

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