Así fue

DE CHICA QUERÍA SER ESCRITORA

Hilda Vergaraellos

 Sofía estaba sentada en el corredor de esa casa de playa, fumaba muy pensativa viendo caer la incesante lluvia. Aún no sabía exactamente que hacia allí.  Pero un fuerte impulso de valor y decisión hizo eso posible.

Había viajado largas horas de la montaña hasta la playa, estaba un poco cansada por el traslado, pero era más su desgaste por la adrenalina que corría incesante por su cuerpo, desde la noche anterior.

La mesa de jardín en la que descansaba, estaba frente a unas palmeras, ficus y naranjas que daban un panorama muy confortable y natural. En una mano Sofía sostenía su café y en la otra su cigarrillo. Estaba absorta en sus pensamientos, el ambiente la envolvía totalmente y el estar alejada de la bulla citadina, hacía que sus pensamientos volaran, tanto como sólo ella sabía hacerlos volar.

Se sintió estar nuevamente en la prepa, rodeada por todo ese ambiente escolar, lleno de jóvenes que corrían, jugaban en las canchas, se trasladaban de un lugar a otro dentro de las mismas instalaciones o que simplemente estaban sentados observando todo a su alrededor.

Sabía que ella pertenecía al grupo de las que jugaban en las canchas, pues nunca desperdiciaba un tiempo libre entre clase y clase para estar jugando basquetbol.  Era de las pocas mujeres que formaba parte de un equipo de cuatro hombres y ella,  quienes armaban “la reta” contra otro equipo varonil. Cualquiera pensaría que era bastante masculina, pero no, más bien era bastante fémina y de buen ver, era, de alguna manera, la diferente, la chica que usaba tenis en lugar de tacones, pantalones y playeras en lugar de vestidos escotados y ceñidos, obviamente, sin gota de pintura en la cara, no la necesitaba… ella sabía que su encanto irresistible era que, sin mucho esfuerzo, tenía el mejor promedio de su clase, que era buena amiga, pertenecía a la escolta y más bien parecía el arroz de todas las fiestas. Y su encanto no pasaba desapercibido para los jóvenes que querían ser el novio de Sofía.

Ella era muy amiguera, pero en eso de los novios, siempre se limitó.  Recuerda claramente cómo un chico siempre la observaba mientras jugaba, platicaba, caminaba, o marchaba en la escolta. Ese chico era Santiago. La seguía con la mirada a todas partes,  siempre a distancia. Era inevitable no darse cuenta de que ella le gustaba a Santiago.  Pero ¿por qué nunca le dijo nada? ¿Por qué se guardó ese sentimiento por tanto tiempo?

Ahora sabía que Santiago, siempre estuvo enamorado de ella, que fue su ilusión de juventud,  su amor platónico y que nunca pudo decirle cuanto la amaba. Que nunca se le acerco ni siquiera para decirle un “hola”, su timidez no se lo permitió y mucho menos pudo enterarse de que para Sofía tampoco le era indiferente.

Sofía fumaba, su cigarrillo estaba a punto de terminar cuando sintió unos pasos a su espalda.  Era Santiago que iba a su encuentro. Apago el cigarro y se puso de pie para que pudieran saludarse.

Después de muchos años, cuando las imágenes del recuerdo empiezan a borrarse por el transcurso del tiempo, se encontraban ahí, justamente los dos, Sofía y Santiago. Cuántos años habían pasado, ¿diez o veinte?, no importaba, lo importante era que por fin, la vida les daba la oportunidad de reencontrarse para decirse lo que tuvieran que decir. Los dos estaban haciendo un paréntesis en sus vidas.

Se vieron a los ojos como jamás lo habían hecho, larga y profundamente. Seguían tomados de las manos desde el saludo e inevitablemente se abrazaron por largo tiempo. Cada uno con miles de pensamientos seguramente. O simplemente disfrutando el momento. Aspirando cada uno el perfume de sus pieles. Y luego el beso, un beso tierno, delicado y pueril  que cada vez se volvía mas apasionado.

Cuánto tiempo tuvo que pasar para que ellos pudieran sentir sus manos, sus abrazos, sus besos…no había palabras, solo miradas que decía mucho más de lo que dirían mil palabras y más besos y abrazos.

La lluvia, la noche, las palmeras, los ficus y los naranjos fueron los testigos de honor de ese encuentro añorado desde hacía mucho tiempo por ellos. Una realidad que la vida les estaba regalando a los dos para que sus amores platónicos dejaran de serlo y disfrutaran ese momento que sería el parte aguas de sus sentimientos.

Sofía encendió otro cigarrillo, su corazón se quería salir, toda ella sudaban de nervios o de placer o simplemente por el bochorno del clima. Pero su adrenalina estaba al máximo. En su mente, muchas ideas danzaban y se cruzaban por esa su realidad.

Santiago solo se concretaba a observarla muy detenidamente. Quería absorberla con la mirada, la abrazaba, la acariciaba, como debió haberlo hecho desde hace muchos años atrás. Tenía una cara de incredulidad que solo Sofía podía interpretar porque a ella le pasaba lo mismo.

Pasaron un buen rato sentados en el corredor viendo caer la lluvia, mientras se ponían al tanto de sus vidas.  Los dos tenían vidas distintas  pero algo había en común: sus orígenes sus valores, ese sentimiento y esa intrepidez de buscarse y reencontrarse después de muchos años.  Los dos se veían diferentes de aquellos jóvenes preparatorianos, cronos había hecho su tarea,  pero eso no importaba, ahora estaban frente a frente dos adultos que sabían perfectamente lo que estaban haciendo.

Los besos, los te amo y el perdóname, no dejaban de estar en escenario.   Santiago no dejaba de pedir perdón por no haberle dicho a Sofía que la amaba y ella solo le decía que había sido un tonto,  porque aunque el hubiera no existe, si lo hubiera dicho, seguramente hoy estarían con una vida en común. Pero reconocía que en ella también había culpa. Así que se conformaron con culpar al destino.

Santiago abrazo tan fuerte como pudo Sofía y la acaricio, ella supo que los sentimientos allí estaban fluyendo, saliendo a flote.  Aspiro de Santiago su aroma y su  excitación.  Buscaron sus bocas, besándose desesperados llenos de pasión y emociones encontradas.  Hicieron el amor como jamás remotamente lo hubieran imaginado. Se entregaron plenamente al hecho, se amaron sin prejuicios ni  tabúes. Disfrutaron el reencuentro que la vida les estaba regalando.

Santiago lucia feliz, enamorado, satisfecho e incrédulo aún. Su amor platónico había dejado de serlo.

Sofía, cerró los ojos y empezó a llenarse toda ella de ese instante, tratando de descifrar y encausar cada sentimiento, guardando y recordando cada imagen en su pensamiento, guardando solo para ella,  todo lo que sus cinco sentidos pudieran captar por siempre y para siempre, porque ese sería el aliciente para saber si Santiago era el hombre que había aparecido en su vida para decirle que aún estaba viva, que aún sentía, que aún reía y que tendría que aprovechar lo que le quedaba de vida.

Santiago le preguntó si era feliz, ella contestó que sí.  El pregunto qué pasaría de ahora en adelante con sus vidas, a lo que Sofía solo se concretó a decir: “Amor, tenemos la oportunidad de amarnos, deja que la vida haga con nosotros lo que se le antoje y espero no se equivoque, hasta ahora no lo ha hecho”

Santiago la beso tiernamente. Se abrazaron y nunca dejaron de verse a los ojos.

 

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Hilda Vergara Hernández

 

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