La sociedad conyugal

sociedadHABLEMOS DERECHO

Por Yasser Del Castillo

La palabra “conyugal” tiene una raíz latina que es “coniux”  que puede traducirse como “juntos”, “unidos”, de la misma raíz deriva la palabra “conexo”. Por eso les decimos “cónyuges”, es decir los que van juntos, o los que van unidos.

Si alguna vez lo hizo, le recordaré, y si no lo ha hecho, le comentaré que al momento de contraer matrimonio civil  le preguntarán algo así: “¿cuál es el régimen matrimonial al que sujetan su matrimonio?” Entonces  sincronizados se voltearán a mirar los ahora esposos y preguntarán al unísono ¿bienes separados o sociedad conyugal? La decisión de casarse se hace de común acuerdo. De la misma manera se debe de decidir cuál es el régimen económico al que sujetarán su matrimonio.

¿Qué es el régimen económico del matrimonio? Este concepto está pensado así: Si se van a casar, formar una familia y ayudarse mutuamente en la vida diaria es bueno que hagan un patrimonio económico en común para estas finalidades. Por esta razón le preguntan al momento de contraer matrimonio si es que desea formar una “sociedad económica” con su esposa o esposo para los fines del matrimonio, que es una sociedad conyugal, o en su caso no desea realizar esa sociedad económica, que es la separación de bienes.

¿Formar una sociedad económica con mi esposo o esposa? Sí… una sociedad. Cuando el matrimonio civil se somete al régimen económico de sociedad conyugal se está formando una sociedad, muy parecida a las sociedades civiles o mercantiles que tienen fines empresariales.

Como sociedad implica que exista un acuerdo de voluntades, entonces el acta constitutiva de esa sociedad se deja plasmada en el acta de matrimonio.

La finalidad de la sociedad es generar un patrimonio que debe disponerse exclusivamente para para el uso y goce de la familia que se forma y son una serie de objetos y cosas que están destinadas al desarrollo material de sus miembros. Los más comunes son los muebles que están en su casa (le dicen menaje del hogar) y los bienes inmuebles en los que habita la familia (casa y el terreno en que se construye).

Ese patrimonio es diferente del que los cónyuges tienen antes de formalizar la sociedad conyugal y por eso no les pertenece, sí, por increíble que les parezca ninguno de los cónyuges puede disponer sobre la propiedad de esos objetos o bienes sin el consentimiento del otro.

Las reglas que le van a aplicar a esa sociedad se deben de dejar por escrito ante un notario público y se llaman “capitulaciones matrimoniales”. En esas reglas los propios cónyuges se ponen de acuerdo con qué bienes materiales que ellos aporten o que les aporten a ellos se formará, así como la manera de administrarla, quién será el administrador, la forma de rendirle cuentas al otro cónyuge. Cuando no existen estas “capitulaciones matrimoniales” la sociedad conyugal se regulará con las disposiciones de la ley (código civil o familiar).

Los bienes que integran la sociedad conyugal son todos esos objetos o bienes que cada uno de los cónyuges adquiere durante la vigencia de su sociedad conyugal y no importa si fue el esposo o la esposa quienes lo aportaron, sencillamente se consideran parte de esa sociedad y de los bienes que la integran.  Los bienes que forman parte de mi patrimonio previo a la formalización de la sociedad conyugal no entran. Esos sí son míos y solo si Yo quiero que formen parte de ella se les considerará como sociedad conyugal. Esta decisión debe de quedar plasmada en las capitulaciones matrimoniales.

La sociedad conyugal se puede terminar por el acuerdo de voluntades de los cónyuges en sustituir su régimen económico del matrimonio por el de separación de bienes y tal manifestación se hace ante notario público. La sociedad conyugal se termina cuando se decreta el divorcio, lo que debe de hacerse en un procedimiento anexo al juicio de divorcio necesario o voluntario.

Hace no mucho tiempo la señora Lupita me encargó que me hiciera cargo del patrocinio legal de su divorcio, el régimen económico que seleccionaron fue el de sociedad conyugal. La sorpresa fue para Ángel su ex-esposo porque Lupita nunca trabajó, siempre se dedicó al hogar, al cuidado de sus hijos. Ángel compró un terreno de una extensión considerable. De hecho Ángel se divorciaba por que le quería quitar todo derecho sobre ese terreno. Pues como le adelanté, la sorpresa fue para Ángel cuando el juez decretó que en relación a los bienes que formaban parte de su sociedad conyugal (le decimos bienes gananciales) la mitad le correspondía a Lupita.

En la siguiente columna le platicaré sobre los mitos y realidades de la patria potestad.

Agradezco mucho los comentarios que me han llegado a través de las redes sociales y y en mi cuenta de correo electrónico. También les comento que si desean que le hable sobre algún tema en particular,  mis medios de  contacto son:

Correo electrónico: yasseralejandrodelcastillo@hotmail.com

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Les envío mis atentos saludos.

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