Lecciones magistrales

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Por José Salvador/Lo que ellos dicen

Hace no mucho tiempo, platicaba en el pasillo del trabajo con una amiga de muchas cosas, entre ellas de la época de la universidad.

Para mejor describir la situación quiero decirles que mi amiga es una mujer inteligente, que ha cultivado su conocimiento y sabiduría a través del estudio y de la experiencia en las distintas labores profesionales que han marcado su trayectoria.

Platicamos de los amigos, los compañeros, los apodos, los novios, amigas con derecho, la más guapa y el más guapo, de las diferencias que había de un grupo a otro, de la señora de los tamales, de las materias, de los maestros…

De los maestros que siempre dejan huella por ser los que mejor impartían su clase, por ser los que menos sabían, los barcos o los que al contrarío exigían mucho y todos los veíamos con cara de “seguro te estás desquitando por algo que tu mujer no te hizo”, ja ja ja ja, sin que nos diéramos cuenta que a la vuelta esos conocimientos que tanto pedía el maestro te aprendieras son los que ibas a llevar a la práctica en poco tiempo.

La conversación se ceñía a aquellos tiempos en los que todo giraba alrededor de horarios de clases y buenas reuniones, mismas que salían, así, espontáneas, de la manga, en cualquier momento y en lugares cercanos donde la comida y bebida no fuera tan cara.

En esas reunioncitas conocías el lado B de los amigos y conocidos que se agregaban al grupo, ya que en confianza te confesaban sus secretos, sus ambiciones, sus molestias y si el tiempo avanzaba te convertían en su amigo para saludarte, platicar en los pasillos y buscar una nueva reunión como esta.

¡Qué tiempos¡ decíamos, son los que realmente te hacen recordar cuales eran los objetivos que te habías trazado en la vida para triunfar o para ser feliz.

Están de acuerdo que vives un excelente momento físico y social, que las preocupaciones más fuertes son por exámenes que vienen, por la entrega de un trabajo y no por cosas reales como cuidar que no falte el pan en la casa.

Pero siempre guardo grandes experiencias de mi época de estudiante y mi amiga también. Le pregunté si ella había tenido novio…

Fue de ahí donde la conversación giró en torno a un: NO, NO TUVE, ¿por? pregunté y me dijo que ella siempre había sido una mujer que le gustaba vestir recatada con vestidos largos que no mostraran nada y además se dedicó a estudiar, que le gustaba mucho su carrera y tuvo la oportunidad de comenzar a hacer sus pininos, entonces no hubo tiempo.

Sí en efecto el tiempo, el tiempo que pasa y no regresa y que deja o permite que hagas muchas cosas pero  el tiempo es hoy y lo demás ya pasó.

Ella me comentó que también le pasó algo muy chistoso, un profesor que era “ojo alegre” siempre se fijaba en las estudiantes más guapas, con mejor cuerpo y desde luego que en su clase pedía, ya saben, que asistieran las mujeres con falda.

Ese maestro era el clásico bien arreglado, con buena percha y buen maestro pero no dejaba de tener a flor de piel el gusto por las mujeres y no lo ocultaba.

Le pregunté si el maestro era libidinoso y me dijo que no, más bien era admirador, tanto que no faltaba la que quería enseñar de más para provocar algo en el maestro y es ahí donde acababa el encanto.

Me llamó la atención como describía la personalidad del maestro y seguimos platicando de él. Ella me confesó que era duro para calificar, que impartía bien sus clases de manera muy estructurada y fácil de entender y que daba oportunidad para escucharte si algo no estaba bien con la calificación pero que no regalaba nada.

Se imaginan, el tipo no era barco y tenía la admiración de sus estudiantes. En pocas palabras buen maestro.

Seguimos platicando y entonces le dije: y a ti nunca te dijo nada, ya saben, con la respuesta casi en la boca de que mi amiga era una especie de mujer “Nerd” ya que ella comentó al momento de describirse que vestía ataviada en largos atuendos y lentes que no dejaban que nadie admirara sus bellos ojos grandes, pero cuál fue la sorpresa que me dijo: SI

Que te dijo pregunté.

Ella contestó: Un día terminando de un examen íbamos saliendo poco a poco, como fuéramos terminando. Cuando entregué mi examen me dijo que yo era una mujer que debería darme la oportunidad de ser realmente admirada y que no había en mi guardarropa indumentaria lo suficientemente digna de tan bonito cuerpo.

Estimados lectores, los maestros, los que realmente lo son, siempre dan buenos ejemplos pero también siempre nos dejan huella de una lección bien aprendida.

Se me olvidaba, mi amiga tiene muy buen cuerpo y aprendió la lección que le dio su maestro.

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El autor de Lo que ellos dicen, es abogado egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con estudios de Maestría en Administración Pública.

Amante de los viajes, los autos y los perros, contará todo sobre el mundo masculino.

Experto en asuntos de estado: estado civil casado y feliz

Una respuesta to “Lecciones magistrales”

  1. Montserrat dice:

    que recuerdos, quien no tuvo un profesor que valía la pena para todo. Saludos

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