Amor del bueno

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 NEOCASADA

Por Alma Campos Pineda

Por supuesto que mi amor por Uli, con Uli y para Uli, ¡es del meritito bueno! no en vano llevamos casi 15 años juntos, hemos pasado un sinfín de aventuras, desde pleitos por supuesto, dramas, desamor, 10 mudanzas, tres estados de la República a los que les he puesto mi IFE, una boda, funerales, noches en vela, noches en hospitales, en fin, tenemos para dar y regalar de historias de todos los sabores y colores… Y ahora que tenemos dos maravillosos hijos juntos, puedo decir que ese, el amor de los hijos, de veras de veras, es el amor del mero bueno…

Un hijo te perdona si llegas tarde, aún a cierta edad tal vez no lo entienden del todo o por completo, aunque a mis hijos desde hace ya un rato les hemos enseñado la bonita dinámica de desearnos un buen día de trabajo cuando nos vamos, o en mi caso, una noche anterior por que no los veo despiertos por la mañana; y con una llamada telefónica alguna tarde que sé que no llegaré a verlos despiertos, ellos lo entienden, o al menos hasta donde yo creo que lo entienden, y sin más ni más, al día siguiente me abrazan dándome así el mejor regalo de ese día.

Te perdonan si los regañas al máximo, no guardan rencores ni resentimientos, ni te las llevan contadas hasta un día en que te dicen que es suficiente y que ya no soportan más tus regaños… Algo ayudará me imagino, que no soy de esas madres folklóricas a las que les gusta regañar a sus hijos (en público además) como si de veras eso fuera suficiente para educarlos, con pegarles un grito (o literalmente) frente a todo mundo, no es como se consigue la educación de un hijo, pero bueno, no soy así de folklórica, quizá por eso mis hijos me siguen hablando cada día como si nada pasara, aunque eso si debo vanagloriarme, cada vez los tengo que regañar menos.

Te perdonan si no les consigues la piñata de Frozen para su cumpleaños, sobre todo si una cuenta con la labia suficiente para decirles que esa ya no era la de súper moda, que mejor la de muñequita fea con ojo saltón (¡mentira! No compré esa piñata… aún… ¡JA!), así además le hacemos la caridad a la piñata olvidada y que nadie quiere, de paso nos ahorramos una buena lana, y les inculcamos el no consumismo excesivo, así como el apego a lo sencillo y mundano que puede ofrecernos también el mercado de piñatas. Al final del día, se hará pedacitos igual que la bendita Elsa o Ana….

Nos perdonan si en lugar de cenar galletas con leche TODOS LOS BENDITOS DÍAS, les variamos con sándwich de atún, o vegetales al vapor, o ya de plano taquitos de bistec, pero es que ¡las galletas están muy caras hoy en día! y se las empacan como si fueran chochitos de feria, además que por más que le busco el valor nutricional a las galletas, pues no termino de encontrarlo; está bien para un de repente, pero es que al menos los míos, ¡devoran galletas al por mayor! Me perdonan si se acaban las de chispas de chocolate, o las cubiertas de chocolate blanco; ¿en dónde quedó la bonita tradición de las galletas más sencillas? Caramba…

Nos perdonan el mandarlos a dormir a las 8pm aunque afuera “aún este el sol”, y es que este horario de verano ¡en serio que no ayuda en esto de la paternidad! Por supuesto les explique el controversial tema este del horario (al menos lo poco que yo le entiendo también), aunado a eso, les he recitado más de 100 veces la importancia de dormir al menos 10hrs diarias, con el fin de tener un máximo rendimiento escolar y personal, pero les sigue causando conflicto el irse a dormir cuando afuera las condiciones se prestan para seguir brincando en el tombling o salir en la bicicleta un par de vueltas más.

Nos perdonan que la mascota se haya ido al cielo de los perros sin avisarles, aun y cuando entienden que estaba ya muy enferma, no quita la tristeza que aún vemos en sus ojos, sobre todo en los de mi hijo mayor, pues Maya (la bóxer en cuestión), era su compañera leal desde que nació, la cómplice que se comía el brócoli cocido cuando él no lo quería, o la compañera de juegos de mi hija, que se dejaba perseguir por ella impulsada desde el columpio que el abuelo les colgó de un árbol. Ahora solo nos preguntan que cuando vamos a tener otra mascota, para que Maya desde el cielo de los perros los vea como siguen jugando.

En verdad que los hijos nos perdonan todo, somos para ellos el centro de su universo, la seguridad de sus mañanas al despertar, y la tranquilidad en sus noches al irse a dormir. Somos sus cargadores, sus cocineros, sus maestros, sus acróbatas, sus choferes, sus patrocinadores, su paño de lágrimas y su chiste para reír todo el día. Somos su todo y ellos para mí lo son de igual forma. Son mi ánimo de las mañanas, mi consuelo de los días difíciles, mi humor cuando se ríen, mi tristeza cuando los dejo, mi esperanza cuando voy a llegar, mi descanso cuando se duermen, mi impaciencia cuando viajo, mi paz cuando los veo, el olor de mi felicidad y el sabor de mi alegría.

Son mis hijos quienes me enseñaron que el amor absoluto existe además del que ya me daba Uli, y como lo he mencionado ya, son mis hijos quienes se han quedado con mi amor más absoluto por ellos, por la vida, por mí misma, son ellos a quienes amaré hasta el último día de mi vida y aún más allá, acompañada además, por mi Uli, que es también mi amor más absoluto…

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