Y ahora ellos….

1npNo podía dejar de escribir ahora sobre los hombres de mi vida, ¡si de por sí luego me tachan de feminista! además que siendo parte tan importante de mí como lo han sido, imposible dejarlos fuera. He tenido grandes amigos en el paso de esta vida. Algunos se han quedado y otros se han ido, pero todos me han dejado gratos recuerdos en la mente y en el alma.  Me enamoré aún más de la lectura con los Cien Años de Soledad de García Márquez, me he perdido en los cuadros de Dalí y de Diego Rivera, buscando lo que a veces creo que le falta a mi alma. Grandes hombres que han tocado de cierta forma también mi vida.

Mi padre fue el primero. He peleado tanto con él que si me hubieran pagado cada que lo hacía, ¡sería millonaria! Peleábamos tanto que a veces me preguntaba si era normal hacer eso; solo creo que somos tan parecidos y diferentes a la vez, que esa era la forma de comenzar la vida juntos. Es un hombre callado, siempre pensativo, con más de una idea en la cabeza y todas las lleva siempre a cabo. Me enseñó a ser fuerte, a pelear, a ser floja también (confieso que ¡me hacia la tarea de cálculo en la prepa!), a no dejarme de nada ni de nadie, a pelear por mis sueños aunque estos le dolieran. De él aprendí que en esta vida se debe luchar hasta el cansancio, pero que al final se obtienen las recompensas. Me prohibía tener novios y al final supo querer a mi marido. Es un abuelo maravilloso, paciente, siempre con tiempo para escuchar una queja o dar un consejo. Es mi maestro en la vida y le pido a Dios que me lo deje muchos años más, pues aún tengo tanto que aprender de él. Cuando estamos juntos, me gusta caminar tomada de su brazo, pues me hace sentir que de nuevo soy una niña, su niña.

De mi esposo ya he hablado tantas veces aquí. Lo encontré en mis épocas de estudiante y aquí seguimos de la mano. Me ha dado los peores corajes de mi vida, pero al mismo tiempo me ha dado tanto amor, que si no fuera porque mi autoestima es impecable, hasta pensaría que no lo merezco. Somos tan distintos en la mayoría de las cosas, pero al mismo tiempo siempre tuvimos claro lo que queríamos, y eso era el uno al otro. Es un hombre amable, apacible, pero enérgico a la vez. No tiene miedo de nada y eso a mí a veces me da miedo. En las mañanas que me voy me gusta verlo dormido, transmite una paz y una calma que es lo que me ayuda en la locura de mis días y la violencia de mi mente. Es él quien calma mi espíritu, quien llena mi alma con tanto amor, quien me conoce mejor que nadie. Cuando llega por las tardes, aún hace que me revoloteen mariposas en el estómago cuando escucho que abre la puerta. Me gusta su olor, sus ojos que son el único lugar en donde realmente logre verme a mí misma. El amor de mi vida para toda mi vida.

Tengo dos hermanos, uno más grande que yo y uno más chico.  Con el grande era inseparable hasta que la adolescencia nos separó y entonces ni siquiera nos hablábamos. Cuando cumplió 15 años se fue a Inglaterra, y le lloré tanto como se le podía llorar a alguien a quien extrañas pero no sabes cómo decirlo. En esa época no había mail, ni chat, ni Skype ni nada de eso, así es que todo era a pura carta que tardaba hasta 1 mes en llegar, pero que yo leía con tanta emoción y tristeza al mismo tiempo, de saberlo tan lejos. Regresó y fue como si el tiempo no hubiera pasado y nunca nos hubiéramos ignorado. Es mi hermano mayor, el ejemplo de todos a seguir, tiene dos hijos hermosos a quienes cuida como siempre imagine que lo haría. Es metódico, reservado, pero cuando habla, lo hace con las palabras correctas, nunca se equivoca en dar un consejo o decirte qué hacer. Es todo lo que un hermano mayor debe ser y más. Mi otro hermano es 3 años menor que yo, loco a más no poder y con una cabeza tan desquiciada y desordenada como la mía. Mi hijo se parece a él. Fue mi tributo involuntario por no haberlo tenido en mi boda. Se fue a estudiar a Chile unos meses antes de casarme, y sin mucho tiempo de por medio, y tampoco dinero de sobra, no le fue posible venir a México. Lo extrañé tanto ese día, que creo que mi hijo lo supo y decidió parecerse un poquito a él en honor a su ausencia. Es arrebatado, impulsivo, atrabancado como dice mi madre, pero es el hermano que todos deberían tener para una vida feliz y alocada. Tiene un hijo increíble, al que ama con una fuerza que le sale directo del corazón, ese que todos decimos que es tan grande, que de milagro le cabe en el pecho.

Y por supuesto, mi hijo, el hombre más importante de mi vida. En cuanto las 2 rayitas se pusieron azules en la prueba de embarazo, supe que era niño. No puedo explicar cómo, pero lo sabía. Lo ame desde ese momento. Y cuando me lo acercaron por primera vez, lo olí y supe que era mi niño para toda la vida. Me enseñó a amar más de lo que se cree posible, a tener miedo por primera vez en mi vida de morir y no verlo hacer la suya. Abrió la parte de mi corazón que estaba cerrada y que solo él podía abrir por primera vez. Me ha enseñado que no hay plática banal, o tarde de juegos sin importancia, pues cada día a su lado me hace un mejor ser humano. Tiene unos ojos hermosos, llenos de curiosidad por todo lo que lo rodea, una risa que me hace llorar de puritita felicidad el escucharla, unas preguntas tan profundas e inteligentes, que a veces no sé qué contestarle o cómo explicarle lo que me pregunta. Es el amor más profundo de mi vida, quien me hizo cambiar las cosas negativas que tenía, es mi príncipe azul, mi alma entera.

A todos ellos les dedico estas líneas, mis amados hombres, mis amores, mi príncipe y mi rey, mi padre y mis cómplices en esta vida como lo han sido mis hermanos. Mi alma los ama y siempre lo hará.

neocasadabuenoeditado

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