Retrato de un mudo con gafas

 1nspAna se detuvo en seco al llegar a la última banca de la iglesia.

Ahí estaba Efraín con sus  inútiles lentes oscuros que no lograban mitigar el blanco del traje que acompañaba a su ex.

Era un hombre no de pocas, sino de nulas palabras, que nunca creyó que una mujer deseada por tantos pudiera amarlo a él.

Una tarde conversaron largamente mientras comían panes que lucían inocentes, pero que resultaron afrodisíacos, la noche llegó y él no se fue a su casa hasta un día después.

Comenzaron a pasar juntos los fines de semana, después comían a diario y Ana se fue enamorando de su extraño sentido del humor. El mudo se transformaba en un hombre vivaracho hasta con las amigas de Ana, que después de muchos años de estar en el mismo trabajo, lograron conocer su voz; incluso dejó sus camisas serias para usar colores vivos.

El amor les había llegado y les sentaba bien.

Un día se propusieron ser vecinos de almohada y se organizaron para buscar una casa. Ana se ilusionaba más, dejaba por ratos su adicción al trabajo para ir al tour en pos de un sitio donde avecindarse.

En una de las visitas Ana recibió una llamada y salió a responder. Cuando volvió al recorrido, Efraín le susurró al oído: “Ahora entiendo por qué no te has casado… eres muy distraída”.

Ya en el auto, le contó que la vendedora de casas le había pasado una tarjeta con su número telefónico personal y un besito pintado, y que ella por andar atendiendo su trabajo hasta por celular ni se había percatado.

Él comenzó a bromear que era un partidazo, Ana con su tacto de elefante le recordó quién lo había convertido en eso.

Efraín desapareció unas semanas y volvió para que fueran juntos a la fiesta de una amiga en común. Él decidió quedarse al final del jolgorio y Ana tuvo que salir antes por el trabajo.

A la mañana siguiente ella recibió la llamada de la amiga común, quien la enteró que tras cinco años de noviazgo, elegir la casa y pensar mucho en casarse, él había decidido seguirlo pensando, al menos un año. Palabras más, palabras menos, decía que le gustaba estar con Ana, que sería una buena esposa, madre y compañera, pero que no quería tomar una decisión precipitada.

Las bromas no se hicieron esperar: “no habla y cuando habla, se subasta”.

En el año en que Efraín seguía pensado si Ana era la mujer correcta para casarse, ella tomó otro rumbo.

Y se reencontraron ahí, en la última banca de la iglesia: en el bautizo de la hija de Ana, la neosoltera que le cambió la vida.

perfillesly

Deja una respuesta

Sorry, you can not to browse this website.

Because you are using an outdated version of MS Internet Explorer. For a better experience using websites, please upgrade to a modern web browser.

Mozilla Firefox Microsoft Internet Explorer Apple Safari Google Chrome