Máscara contra cabellera

chavaLa lucha libre es un deporte que a los mexicanos nos gusta mucho: dos contrincantes, regularmente un técnico y otro rudo, siguiendo ciertas normas que permiten ciertos golpes, pelean cuerpo a cuerpo, cara a cara, con el objeto de conseguir la victoria.

El máximo de esta técnica deportiva llega cuando rivales aguerridos y de popularidad  buscan poner en su lugar a su acérrimo rival en el ring. En dicha  pelea “estelar” se apuesta un trofeo que es la máscara o la cabellera.

Regularmente, estos eventos son donde los luchadores dejan claras las cosas.

Esta explicación tiene que ver con algunas nimiedades del matrimonio o de la pareja que he sufrido y de las cuales les comparto.

Regularmente en una relación existe por un lado complicidad, alegría,  amor, compromiso, logros y muchas risas. También  diversos estados de ánimo que son parte del día a día, de nuestra pareja y hay que conocerlos para evitar situaciones contrarias. De entrada, recuerda se rumora frecuentemente,  que las infames hormonas se encargan de hacerte pasar malos ratos y con eso no se puede lidiar. En especial en las mujeres…

Al caso, quién no se ha enfrentado a una verdadera batalla campal en la que se apuesta la máscara contra la cabellera… Yo sí.

Discutir es parte de la convivencia, también una válvula de escape que bien puede demostrarte entre otras cosas, errores para mejorar o la señal de que hay un problema que puede terminar con la relación de pareja.

Muchas veces confundidos por una mala comunicación, resulta que el horno no estaba para bollos y la bomba estalla. Sobre todo con mujeres que han sido muy claras y que tienen su carácter bien puesto, de esas que casi no hay (ajá).

Regularmente los caballeros apuntamos nuestra primera estrategia en alternativas que busquen un bien común, a emparejar la balanza y a que se empaten los puntos de vista de ambos.

Regularmente, también somos presa de un amplio recordatorio de hechos que se pudieron haberse suscitado en otras ocasiones, cual grabación (video) de la aprehensión del peor capo de las drogas y que sale a la luz despertando de un ataúd enterrado con el olvido que siempre tenemos los hombres pero revivido por la mente macabra femenina (jajajaja).

Si, así comienza todo. Y díganmelo a mí que como mucho otros he sido víctima de estos altercados. Es un acto que los que me leen seguramente asentirán y sabrán que estoy en lo correcto. Una especie de ritual que en automático torna el ambiente en negro, sin escapes. Y en la guerra femenina no sabemos actuar. Ya lo dice el dicho: Como mujeres podemos despedazarnos, pero nunca nos haremos daño, dicho que seguramente fue escrito por una mujer que perdonaba a otra.

Después continúa la exposición de hechos por las partes. Aquí la mujer toma mucha delantera. Un verdadero desafío de la memoria y de la técnica asertiva para comunicarte que siempre deberá estar apegada a la realidad y a la comprobación de lo que se dice. Recuerden no solo se dice se comprueba y también recuerden que la mujer no olvida.

Este periodo es desgastante, pero hay que saber si el mismo es valioso para que en lo futuro deje las cosas claras o bien es pérdida de tiempo y no te va a llevar a nada.

Recordemos que siempre pueden existir factores que suben el tono  a rojo de lo que está pasando.

Y para lo anterior siempre hay que conocer que algunos de los factores negativos son:

El enojo: nos hace sentir heridos en nuestra persona y presa de la ira. En este punto siempre recuerdo que también he cometido errores y más vale que le baje unas rayitas, quiero que mi mujer me escuche y no pelearme.

Falta de focalización del problema: Lo mejor es avanzar sin recordar viejos tiempos que empantanaran tooodo. Obviamente algo ha sucedido y ese algo es la materia que hay que trabajar para llegar a un arreglo. Ser concreto y sin chantajes. Como decía Cantiflas: “Ahí está el detalle

El chantaje: El clásico de que si no haces esto… dejo de … no tiene ningún sentido si exigir algo que tu pareja no está dispuesto a dar y tratar de dominar.

No reconocer el momento y lugar adecuado: Por más que quieras aparentar otra cosa, el enojo se te nota. Sobre todo si la cara se te pone roja o la mirada de matona o de águila en busca de presa. Uno se aguanta pero siempre hay que saber cuánto y también tener presente la ira que puede desbordar una subida de voz frente a los hijos, frente a los amigos, frente a los papás o frente a quien sea y el ridículo, la descalificación y mala actitud que nada va a remediar. En cambio, el lugar correcto y el momento adecuado podrán denotar que estamos prestando atención y que es importante remediar el tema.

Utilizar el regaño de Papá o Mamá: No hay que caer en esta posición de ser regañado/a o regañar cual hijo desobediente a tu pareja. Eso siempre me ha traído problemas. El tonito que se emplea y las manos que se agitan en el aire son controversiales. Lo más seguro es que en lugar de comunicación encuentres una férrea defensa cual Muro de Berlín.

No involucrar a un tercero: ¡uy! esta da malos resultados. Malísima como arma para buscar ganar una discusión o dejar un punto claro. Aquí siempre recuerdo el asunto es mío y de ella, de nadie más.

Siempre recuerdo antes que nada y se los aseguro que me pasa por la cabeza varias veces, que una mala decisión puede terminar todo, acabar con cientos de recuerdos y gratísimas experiencias.

En casa tengo un verdadero rival para las discusiones, una bella luchadora profesional que varias veces ha ganado la máscara o cabellera y que no dudará en volver a apostarla si algo provoca el descontrol.

Prefiero dormir tranquilo. Despidiéndome a besos, embadurnando miel por toda la casa… Ustedes me entienden.

Pero por otra parte, no se me olvida que en muchas ocasiones, gracias a las discusiones, al amor, y compromiso, puedo decir en lo personal  hemos recorrido un camino que nos ha delimitado un rumbo, que nos tiene disfrutando lo que nos gusta, que hace la convivencia muy grata. Mala señal sería el silencio, la indiferencia, poca paciencia o un conflicto irreconciliable.

Antes de empezar una épica Máscara contra Cabellera siempre es preciso saber con exactitud que provocó la discusión, reconocer fallas, hablar claro y no buscar enemigos en la disputa; en cambio saber que es un mal momento, que hablando se entiende la gente y que podemos disfrazarnos de luchadores pero para practicar el amor.

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Abogado egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con estudios de Maestría en Administración Pública.

Amante de los viajes, los autos y los perros, contará todo sobre el mundo masculino.

Experto en asuntos de estado: estado civil casado y feliz

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