Un funeral, una boda

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Me casé a los 26 años, no sé si muy joven o en la edad exacta, pero a esa edad me casé.

Fue un viernes de Octubre, caótico como todos los viernes en el DF, y así con caos y llegando tarde como toda novia que se respete, me casé. Un día antes, el jueves, mi abuelita Caro murió.

Mi mamá es de Matamoros…. sí, ese mismo de Rigo Tovar, su Matamoros querido; mi abue vivía allá por supuesto, porque de la tierra en la que uno nace, es difícil sacarlo. Llegó como 2 semanas antes de mi boda, para estar con mi mamá, con una de mis tías que también vivía aquí, para la despedida de soltera y obviamente, para la boda. Ingresó al hospital el lunes de esa semana, y tristemente ya no salió. Yo la vi el miércoles en la tarde después de trabajar, estaba medio sedada y con una mascarilla de oxígeno, le dije que se tenía que poner bien para bailar con Uli en la boda….. no sé si me escucho, o se hizo la que no oía para no tener que bailar…. le di un beso en la frente y fue la última vez que la vi. El jueves en la mañana, al poco tiempo de haber llegado a mi trabajo, me llamó uno de mis hermanos para darme la noticia y decirme que iba por mí para ir al hospital. En el camino le hablé a  Uli, y me dijo: vamos a hacer lo que tú y tu mamá decidan para mañana. Llegué al hospital, y no podía pensar en qué hacer. Mamá tardó en salir, estaba, junto con mis tías, haciendo trámites y papeleo; cuando me vio las dos ya llorábamos, nos abrazamos y me dijo: mañana te casas porque a eso vino tu abuelita. Yo no dije nada, era imposible hablar con tanta tristeza y pena en el alma. Uli llegó, abrazo a mi mamá y creo que le dijo lo mismo que a mí: mañana se casan pase lo que pase. Y así, habiendo pasado lo que pasó, nos casamos ese viernes.

Admiré la entereza de mi madre, al día de hoy lo sigo haciendo. En la boda estuvo tranquila; sonriente en las fotos; solemne cuando Uli pidió 1 minuto de silencio por mi abuela y hasta preocupada del diluvio que cayó ese día, para que nadie se mojara. Entendí lo que significa ser fuerte, cómo separar un evento tan doloroso para no hacer doloroso uno que no lo es. Su hija mayor se casaba, al mismo tiempo que su alma lloraba la partida de su madre. Al día siguiente se fue a su Matamoros querido, y yo me fui de Luna de Miel, feliz y triste, muy triste, al mismo tiempo.

Tal vez una mente sensata hubiera visto esto como una señal para que no me casara, sin embargo, como de sensata jamás he tenido nada, yo no lo vi así. Decidí ver el vaso medio lleno, decidí pensar que mi boda sirvió para que mi mamá y sus hermanas estuvieran juntas en ese momento tan triste (dos vivían en el DF y dos en Matamoros). Abue Caro se fue un jueves de Octubre, con sus cuatro hijas alrededor de ella, tomándola de las manos, besándola, acariciándole el cabello y diciéndole que la aman… no me parece una partida tan mala después de todo…

Han pasado ya 10 años de esa semana, y es inevitable llorar al contar o recordar la historia…. Es inevitable también sonreír al recordar mi boda, tan fuera de lo común como lo fue (¡en todos los sentidos!) pero esa ya será historia de otra semana…

neocasadabuenoeditado

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