Un cuento de hadas llamado Grey

1nspUna oleada de parejas abarrotaron las salas de cine el fin de semana.

Dos declaraciones masculinas me parecieron contundentes: “Aquí ando en la obligación de ver la película” y “Es 14 de febrero y hay que darle gusto”.

Se referían al rito obligado por la publicidad de acudir a ver “50 Sombras de Grey” en el Día de los Enamorados.

El entusiasmsombras doso mayor era de las mujeres; los hombres estaban ahí porque los llevaron.

Así que comencé a sospechar que ahí no habría acción. La percepción era un tanto a ciegas porque debo confesar que no he leído el libro y ahora sé que nunca posaré mis ojos sobre él.

Ya había pasado media hora y lo que veía en la pantalla no era más que otra comedia romántica, otro cuento de hadas como La Cenicienta: una muchacha pobre que conoce a un príncipe azul, a quien cautiva y rinde a sus pies con una sola mirada.

Luego el “malvado” Christian Grey, como todo buen millonario, se la pasaba rogándole a la inalcanzable Ana, estudiante de literatura y empleada en una ferretería, para que le diera el “sí”.

Tuve algo de esperanza cuando él por fin abría su “cuarto de juegos”, que más que la habitación de un masoquista parecía un museo, con toda la asepsia que requieren las miradas rosas femeninas.

Estaba ahí en el cine, en medio de una escandalera de suspiros: que Christian la fue a buscar a casa de su madre, que la llevó en helicóptero a su casa, que le regaló un coche, que el chofer le eligió un elegante outfit súper lindo… el clímax… ¡la llevó a conocer a sus papás!

Y ella, como buena mujer haciéndose del rogar.

Nada de erotismo.

Una película que sí recomiendo: “El libro de cabecera”, dirigida por Peter Greenaway.

 perfillesly

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