Homenaje

BiografiaHildaObservo a mis padres detenidamente una y otra vez, recorriendo cada una de sus líneas de expresión, que conozco a la perfección, y descubro un pliegue más en sus caras, el ceño más fruncido y más lento su caminar.

Hago reminiscencia de nuestro pasado y ¡por Dios! ¡Cuánto hemos compartido en nuestras vidas!  Hemos vivido dolores, ausencias, alegrías y muchas esperanzas.  Seguramente como todas las familias.

A ustedes mis adorados padres, los veo venir juntos, como siempre, con muchas quimeras a un lado y la fe siempre por delante.

Los veo y noto la complicidad, el respeto y el amor que han vivido desde hace 50 años.  ¡Qué ejemplo tenemos que seguir!

De mi Padre, tengo viva la imagen de aquel hombre alto, delgado y ágil que de sol a sol, labraba la tierra, sembraba piña y limón, montaba su yegua, arreaba el ganado con mis hermanos y por las noches, durante ese fresco tropical que emanaba en nuestra casa, nos ayudaba a resolver quebrados o algún complejo problema de la escuela y pensaba, y sigo pensando con orgullo, ¡Qué sabio es mi padre!

Ese hombre de mirada profunda y sonrisa franca, hombre de palabra firme y fuerte que siempre ha caminado con el estandarte de la honradez incuestionable, aun a costa de su propia incomodidad.

Hombre que ha compartido 50 años de su vida con mi adorada Madre, definitivamente su media naranja, mujer y madre que por instinto ha sobrevivido a muchas adversidades.

Mujer de un empuje inigualable, de fe inquebrantable a quien Dios escucha y siempre ha concedido sus peticiones.

Mi Madre, mujer de fuertes convicciones y arraigadas tradiciones, de sonrisa franca, abierta y bulliciosa con ese candor tropical, típico de la mujer costeña y con esa fuerza interna que la impulsa siempre hacia adelante.

En el éxtasis de mis recuerdos, me llega el olor especial de su comida, el humo de la leña que sale de entre los troncos y maderas que cercan su cocina, el olor del cacao y del café tostado… y ese golpetear de manos, ritmo único de hacer tortillas…

Oigo el trinar de los pájaros, el alboroto de mis hermanos, el cacaraqueo de las gallinas, el crujir de las vías y a lo lejos el silbido, aviso ineludible de que el tren se cerca…

Cuántos recuerdos, cuántos sentires, en mi cabeza hay un hervidero de ideas, pero en mi corazón un jolgorio de sentimientos…

Gracias a mis padres, somos lo que hoy somos, hermanos unidos por el amor, la adversidad, la fe en la familia y en Dios, ejemplos vivos de amor, a quienes pocas veces he escuchado lamentar o blasfemar por   inconvenientes.

Mis guerreros incansables que a pesar de las inclemencias del ir y venir de la vida, aquí están, de pie, erguidos y como siempre, listos para librar cualquier otra batalla.

Estos guerreros míos, que siguen enseñando a sus nietos, cómo hacer las multiplicaciones y  sumas mágicas, cómo andar en bicicleta, cómo hacer los amarres de reatas, cómo se hace una puerta,  cómo poner un clavo, cómo tejer un suéter, cómo hacer tamales o el famoso mole; o simplemente escuchando a sus nietos que se quejan de sus padres y los abuelos sencillamente ríen y mueven la cabeza diciendo “ya mi amor, ven, te voy a platicar…” mientras se los sientan en sus piernas, los consuelan, los abrazan y los besan con brillante calma…

Vaya, por ¡Dios!, de verdad, me siento privilegiada, por tener aquí a mis padres ¡qué bendición!

Tengo tanto que decir de ellos, pero tengo más que sentir y hacer.   Cuántos caminos hemos andado y a la vanguardia mis padres, seres maravillosos que Dios y la vida nos han regalado y quienes a lo largo de esta travesía han cosechado muchos, muchísimos amigos que se han hermanado con nosotros y que sin ellos, tampoco seriamos lo que hoy somos.

Retomo mi presente y allí están, parados frente a mí, con esa mirada apacible y serena, con esa tranquilidad de quienes han hecho bien su tarea y con una sonrisa tierna diciéndome: “apúrate, ya es tarde”…. Y  yo, con toda esa escuela de enseñanza a cuesta, tratando de devolverles el amor y las atenciones que bien merecidas tienen…  los amo por siempre…. Gracias por sus ejemplos y por esa fuerza para seguir hacia adelante con dignidad y orgullo….

Para mis padres:

Como un Homenaje en sus Bodas de Oro.

Gracias a:

Los familiares por estar siempre ahí, junto a nosotros incondicionalmente.

Los amigos, que sin ustedes esto no tendría sentido, siempre serán parte importante en esta historia y a quienes les agradezco el sumarse por convicción a nosotros y el darnos sus manos incondicionalmente para apoyarnos.

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