¿De a cómo la Boda?

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 Siempre he respetado a las personas que gastan un dineral en una boda; sobre todo siempre he dicho que si lo tienes y no lo ocupas, ¡pues gástalo! Y quiero hacer énfasis en el verbo “respetar”, con toda la implicación de la palabra, que no necesariamente demuestra que estoy de acuerdo o a favor de lo que respeto, y este es un buen caso de ello.

Cuando comencé a preparar mi boda,  llegué al jardín que quería para tal evento y pregunté: ¿Cuál es el menú más barato para una fiesta? Por alguna razón, me vieron cara de organizadora-de-la-comida-de-la-empresa y me dieron, con esa idea que solitos se crearon en la mente, los precios de un menú sencillo, arreglo de las mesas normal, vajilla “del diario” , flores discretas, música de fondo (algo así como del bar que ya todos conocemos y utilizamos para este tipo de términos), nada de toldo porque no lo consideré necesario y costaba además, una fortuna, valet parking por que no queda de otra en la zona de Coyoacán, pero con acomodadores regulares, nada de modelos de pasarela (¿?), y un horario de 6 a 10pm. El gran total era por mucho, inferior a lo que habíamos pensado gastar, así es que sin mayores preámbulos, lo reservé. Habiendo firmado el contrato, ahora si les dije que era para mí boda… ¡se quedaron con la boca abierta! No podían creer que no estaba pidiendo el “paquete Nupcial” del momento o algo así, y que en verdad quería lo más simple y económico para ese día. Creo que debo haberles caído bien, o al menos en novedad, pues me dijeron que el pastel, que era el postre para el menú que escogí, lo harían blanco, para que sí pareciera de boda…. ¡Eso sí fue detallazo!

Para el vestido de novia la batalla comenzó cuando dije que quería usar un traje sastre blanco. A mi mamá casi hubo que pasarle las sales para que no se desmayara, pensando en que me casaría vestida como si me fuera a trabajar (jamás he ido a trabajar de blanco, pero bueno), y no como se debe casar toda mujer que se respete a sí misma. Decidí aceptar lo del vestido, pero eso sí, ¡nada de gasto excesivo! y eso que el vestido lo paga el novio, pero ni así quise gastar. Nos fuimos a una tienda Departamental, a la sección de vestidos de fiesta, y quien sabe porque pero sí los hay color blanco o color perla, así es que, en menos de 1hr ya había escogido mi vestido. En el probador, mientras me median el largo para arreglarlo (sin cargo extra por supuesto), mi mamá dijo que era mí vestido de novia, y entonces las lágrimas llegaron: mi hermana lloró, mi mamá lloró, las señoritas del probador lloraron y yo solo me preguntaba por qué tanto llorar por un vestido. Mi mamá intento pedir un velo para ponérmelo y ahí si me puse mis moños (mas no el velo), y le dije amablemente que eligiera sus batallas, pues la del vestido la había ganado ya, pero una por el velo, ni siquiera valía la pena comenzarla. Lo aceptó, como gran dama que es, y no hubo pelea… ni velo por supuesto.

El día de la boda recordé que debía llevar un ramo, así es que fui al confiable puesto de flores de la esquina, y fui escogiendo las flores que me gustaban, y más tarde mi hermana las arregló con un listón muy lindo. El maquillaje y el peinado dije que eran para ir a la boda de una persona muy querida (no mentí pues me quiero mucho a mi misma), así es que los precios fueron tal cual los tenían en su pizarroncito de precios, nada extravagante. Solo por curiosidad pregunté cuanto costaba un arreglo de novia ¡y olvídense! era como si te garantizan con esos precios la felicidad absoluta o el amor eterno, o que después de tanta bailada no se te iban a caer los chinos ni se correría el rímel o el rubor con la lloradera que cada boda lleva implícita.

Uli me tenía un video sorpresa para ese día, sobre el viaje que hicimos cuando estudiamos la Maestría, así es que el tema musical se olvidó un buen rato con esta sorpresa, ni quien se fijara que no hubo ni sombreros, ni mascaras de luchador, ni lamparitas, ni tanta cosa que se suele regalar en las bodas para bailar lo que invariablemente vas a bailar sin tanto adorno.

Tornaboda pues tampoco hubo, acabamos a las 10pm y pues como que no hacía mucha hambre aún, así que nos fuimos de antro. Era cuando aún aplicabas estar parado afuera gritando: “somos 10 Mike, déjanos entrar” o algo así (¿aún es así?), pero en cuanto nos vio el de la entrada dijo: los que vienen con la novia y el de frac, levanten la mano y pasen.  Adentro, si no mal recuerdo, ¡hasta una botella nos regalaron! todo por el show de unos novios de antro un viernes por la noche.

La cuenta de mi boda no la tengo, ni pase años pagándola ni antes ni después de la misma. La luna de Miel fue en un país barato que nos permitió gastar como si en serio lo tuviéramos, y al regreso teníamos un lugar donde llegar, amueblado y con comida en el refrigerador y en la despensa. Casarse debería ser sinónimo de amor, comprensión, lealtad, camaradería, apoyo, pasión… no solo de fiesta, gasto, comida exótica o la única misa a la que se vaya en la vida…

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