Cero y van… ¡¿cuatro?!

1portadaEl primer anillo de compromiso Uli me lo dio cuando cumplimos 1 año de novios. Fuimos a cenar a un restaurante de lo más lindo y romántico, y él había planeado la noche perfecta…. solo que yo no lo sabía, y sin querer queriendo, casi la convertí en un desastre. Mi complot (al puro estilo del Tabasqueño), comenzó desde antes de irnos, diciéndole que no me gustaba que me estuviera apresurando, mucho menos para ir a cenar, al hambre no se le carrerea.

 Al llegar al lugar, me quejé de la mesa que nos dieron, del aire acondicionado prendido, de por qué todos nos veían, si teníamos monos en la cara o qué y casi gritando que nuestro dinero era el mismo que el de todos, como para que nos estuvieran viendo raro (era joven, se me hacía fácil el mal humor…) El mesero hacia unas caras el pobre, que ahora pienso que intentaba hacer telepatía con Uli diciéndole: ¿Estás seguro que ésta es con la que te quieres embarcar?

Resulta que el anillo estaba dentro del postre, el cual por supuesto NO quería pedir pues estaba a dieta o algo así, y al momento que nuestra canción sonaba de fondo, yo lo encontré en medio del helado de frutos secos… Lloré al verlo, al ver a Uli con los ojos llorosos, al escuchar a todo el restaurante aplaudiendo, al mesero respirando por fin aliviado, y a Ritchie Valens de fondo cantando “We belong Together”. Cuando dejamos de llorar, Uli me dijo que cuál era mi respuesta, y yo dije: ¡Pero si no me has preguntado nada aún! yo quería escuchar: ¿Te quieres casar conmigo? Obvio dije que sí, y al ver mi anillo lleno de helado, aún con lágrimas en los ojos y sin terminar de entender lo que pasaba, Uli se metió el anillo a la boca, lo sorbió cual paleta de chiclocentro, lo escurrió un poco de los excesos líquidos, y por fin, lo puso en mi dedo…

Ese anillo tristemente lo perdí. En la transición de guardarlo, porque en ese momento no nos casamos, nos fuimos a España, regresamos, cortamos, nos encontentamos y nos comprometimos, lo perdí.

A 2 semanas de la boda Uli me dijo que tenía que ir a pedir mi mano junto con sus papás. Sí, ¡Dos semanas antes de la boda! me pareció súper innecesario, pero lo acepté, para que hubiera algo de protocolo tradicional en tan poco tradicional boda. Después del discurso de su papá y del mío, y después de hacerse señas con su mamá que yo no entendía, de pronto se arrodilló frente a mí, sacó una cajita, y de nuevo con lágrimas me dijo: como no puede haber una novia sin anillo, aquí lo tienes… yo lloré de nuevo, junto con mi mamá y mi hermana (y mi sobrina, pero ella porque se cayó de la mesa), lo puso en mi dedo y de nuevo me sentí como aquella noche en el restaurante, con mi primer anillo de compromiso. Con ese anillo me casé, me fui de luna de Miel, y pasé los primeros 5 años de matrimonio. Ese no lo perdí, pero está guardado, muy bien guardado, pues tengo miedo de perderlo.

Antes del 6° aniversario de bodas, vivíamos en Monterrey, aun no teníamos hijos, nos iba bien laboralmente y un día, paseando por alguna plaza, me compró otro anillo… Así, sin más ni más lo compró. Al principio no me gustó mucho la idea, pues yo era feliz con el anillo con el que me había casado, con el que él se había arrodillado frente a toda mi familia, además que seguía sintiendo culpa por haber perdido el primero, pero pues al final lo acepté (nadie le hace el feo a 1 quilate), lo arreglaron a mi medida, y ahora sí, tenía en mi dedo el tercer anillo de compromiso que había pasado por mi mano izquierda. Con ese anillo nacieron mis hijos, les rasguñé la cara y mejor lo guardaba los primeros meses, se me enredaba en el cabello, se llenó de masita de jugar, de arena, de leche en polvo, de plastilina… Y tristemente, también lo perdí.

Lloré como una semana entera, le recé a cuanto santo me recomendaron, prendí una veladora, hice el sacrificio de no comer pan una semana, y ni así apareció. Creo que lo perdí en el gimnasio, ¡así es que juré al cielo no regresar nunca! Claro que eso no me funcionó, y seguí en  el gimnasio, pero con el desaire absoluto de que ahí lo había perdido o me lo habían robado… Uli lo tomó con muchísima calma, simplemente me dijo que él había comprado ya tres anillos y no le parecía justo comprar uno más, PERO que sí quería verme un anillo en el dedo, así es que, amablemente me sugirió tomarlo con calma, y sobre todo ahorrar, para comprarme otro… Han pasado más de 6 meses de ese penoso incidente, y no he comprado mi anillo. Acepto que yo lo perdí y que sí debería comprarlo yo, pero algo en mí me dice que esa es cosa del novio, ¿cómo voy a comprarlo yo? Está bien que lo haya perdido, pero tampoco hay que caer en esos extremos…

Tengo mi argolla de matrimonio, y una churumbela muy linda que me regalo hace 3 navidades, pero el de compromiso, ese bello anillo que indica antes de la boda que ya estás apartada, no lo tengo… ¡Pero eso no quita que me sienta tan señora de mi esposo como cualquiera con anillo! Un día de estos voy y me compro uno, que no se diga que no hay… ¿¿¡cuartoto malo!??

neocasadabuenoeditado

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