Aduéñate de tu tiempo

tiempoLas personas que vivimos en países industrializados aceptamos las prisas como algo natural. –cuentan que un grupo de científicos alemanes estaba realizando un trabajo de campo en un lugar remoto. Los porteadores que les llevaban el equipo eran mexicanos. En cierto tramo del camión todos los portadores se detuvieron de golpe, sin ninguna explicación. Los científicos se quedaron perplejos y molestos. ¡Esos hombres les estaban haciendo perder tiempo! Parecían estar esperando algo. Y, de prontos, se pusieron en marcha nuevamente. Más tarde, uno de ellos explicó a los científicos: “Hemos estado caminando muy deprisa y nuestra almas se habían quedado rezagadas. Estábamos esperando que nos alcanzaran”.

A menudo dejamos atrás nuestras almas y, en medio de las prisas, nos olvidamos de los sueños, de la empatía y de la capacidad de maravillarnos. Tenemos prisa y no nos gusta. Además, se ha demostrado que, cuando estamos estresados, paradójicamente nuestra prisa nos hace menos eficientes.

Cuando disminuimos el ritmo, obtenemos importantes beneficios, en especial para nuestra salud. Las personalidades tipo A –descritas clínicamente como muy impacientes y dinámica- están condicionadas por un mensaje subliminal del reloj: el tiempo se acaba, la vida se está quedando sin cuerda, ¡démonos prisa! Ésta personas tienen predisposición a los ataques cardíacos. Sin embargo, la presión sanguínea, el colesterol, el ritmo cardíaco y respiratorio, los niveles de insulina, hidrocortisona, adrenalina y norepinefrina pueden ser modificados hasta alcanzar niveles saludables variando la noción del tiempo a una que se corresponda mejor con nuestros ritmos naturales.

Cuando estamos en contacto con nuestros ritmos naturales, nos es más fácil trascender el tiempo. Una manera de conseguirlo es meditar. Otras pueden ser tomarse un descanso en la naturaleza, experimentar la belleza, lo sagrado, orar, escuchar música o leer un buen libro. Estas prácticas nos brindan un sentido amplio del tiempo. Cuando conseguimos salir de nuestra vida agitada y dominada por el reloj, nos relajamos mental y espiritualmente y, a veces, también físicamente. Unas cortas vacaciones alejadas de ese tiempo que marca el reloj nos permite sentirnos menos oprimidos.

El sentimiento –y la queja- de que carecemos de tiempo es un resultado directo de la actitud materialista que rige nuestras vidas: pensamos que tenemos que acumular experiencias, hacer cosas, tachar actividades hechas de la lista, cumplir con las obligaciones, antes de disfrutar y vivir nuestra vida.

Pensamos que, porque no tenemos suficiente tiempo, todas estas cosas son una carga y un penoso recordatorio de que la vida es breve. En cambio, si pensamos “sí que podré hacer esto, y eso, y aquello… todo a su momento”, entonces entraremos en una noción de periodicidad renovable, recuperamos la confianza y el tiempo se transforma en nuestro aliado. Un círculo virtuoso.

Esta actitud fundamental es relajante hasta el punto de volverse saludable. Por lo contrario, el estrés –que resultad de la sensación de que el tiempo nos oprime- debilita nuestra salud. Y cuando nuestra salud se resiente, entonces perdemos más tiempo todavía. Un círculo vicioso.

Fuente: Ser dueño de tu tiempo. Piero Ferrucci y Vivien Reid. Psicoterapeutas expertos en psicosíntesis.

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