Neosoltera

Una mujer de falda, pelo y corazón gris… la tía solterona.

 

Otra mujer de falda, pelo y corazón colorido, sí neosoltera… Y la diferencia la hizo el siglo.
Si algo heredaron las mujeres del siglo XXI fue el derecho a vivir bajo sus propias reglas, a amar, tener hijos, recorrer el mundo y los corazones sin tener que signar un documento ni ser excomulgada por ello.
A mis 35 años me convertí oficialmente en la tía solterona, gracias a que mi hermano menor tuvo un hijo. Anuncié tan histórico y conmovedor hecho en Facebook y los comentarios llovieron, la discusión era si yo a mis 35, sin hijos, marido, novio, ni perro que me ladrara, era una solterona.
No tenía el pelo gris, ni me vestía como alma piadosa rezadora.
En ese año tenía un trabajo estable que me daba un ingreso que me permitía vivir bien, pero tenía algo mucho más preciado: libertad. Sin embargo, me perseguía una trágica palabra: solterona.
Y aunque no respondiera al prototipo de la tía solterona por fuera, lo era de origen por no tener marido, vaya, ni a novio llegaba.
Empecé a purificar la palabra: ¿es trágico ser soltera?, ¿soy una solterona?, ¿debo cortarme las venas?
En ese tramo de mi vida pensé que no era ni lo uno ni lo otro. En la tierra de mi madre, Tabasco, cuando cumples quince años ya te dicen soltera, así que no embonaba; tampoco cabía en la figura de la tradicional solterona que se quedó para vestir santos… entonces llegó la palabra Neosoltera.
A lo largo de la historia muchas mujeres no han empatado con el matrimonio por diversas razones, a casi todas se les obligó a recatarse en el último rincón de la casa y a pocas se les respetó el derecho de vivir de una manera distinta a la que dicta la mayoría.
Ahora más solteras de 30, 40… y más se dedican a trabajar, viajar, ir al cine, al antro, de compras y a dormir días enteros sin hacer caso a las miradas de tragedia que les recriminan la carencia de marido o que les rezan “aunque sea ten un hijo para que no te quedes sola”, como si  las mujeres con familias tradicionales tuvieran permanente y buena compañía, como si tuvieran un pase mágico a la felicidad.
La familia es la que más presiona. Una de mis tías me miró con profunda lástima y me soltó: “Ya se te fue el tren”.
Le respondí: “Sí, el tren se fue, pero a diferencia de ti yo recorrí libre y jubilosa todos los vagones, y un día decidí que no quería ir a donde el tren me llevara…”
 perfillesly

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